Por LaSillaVacia.com · 05 de Junio de 2016

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Cuatro asesinatos, aún no esclarecidos, encendieron las alarmas entre los habitantes de Cimitarra porque temen que la disputa por el control del microtráfico en el municipio se convierta en la puerta de entrada de las bandas criminales al departamento.

Retumba el pasado

Cimitarra es un municipio con cerca de 40 mil habitantes y por su ubicación en la región del río Carare, ha sido una de las zonas más apetecidas por grupos armados ilegales y por lo mismo, más azotadas por la violencia en Santander.

Además ha sido, junto a Bolívar, el municipio con más concentración de cultivos de coca en Santander y un foco de expansión hacia la Serranía de los Yariguíes, la región del Carare e incluso, alcanzando Boyacá. Hoy, luego de la erradicación de cultivos ilícitos entre 2009 y 2013 en el departamento, Cimitarra aún es considerado un corredor de drogas en el Magdalena Medio.

Aunque desde la desmovilización paramilitar a inicios del 2000 el municipio había vivido en relativa calma, en mayo de este año el terror volvió.

Según cinco fuentes que hablaron con La Silla, los crímenes fueron perpetrados en las últimas tres semanas de mayo, en horas de la noche y cerca a las salidas hacia la zona rural, lo que hoy tiene al pueblo en “toque de queda” voluntario. 

Sobre los asesinatos la gente no tiene muchos detalles. Saben que se cometieron por separado, que uno de ellos era un menor de unos 14 años y que los otros dos eran jóvenes, entre los 25 y los 35 años de edad (uno de ellos mototaxista).

Tres fuentes que se mueven entre las autoridades del municipio, dijeron que las víctimas no eran muy conocidas en el pueblo y que según los rumores, los mataron por ser consumidores o expendedores, aunque nadie lo sabe con certeza.

Pero a la cuarta víctima sí la conocían y fue esa la que conmocionó al pueblo. El 31 de mayo, mataron a Arnulfo González, un cauchero reconocido en el municipio como “trabajador y honesto” y que, según una de las fuentes habría sido asesinado porque presenció uno de los otros crímenes.

Esto afectó tanto a la gente que al otro día el alcalde Mario Pinzón y el personero Jorge Atuesta, fueron a hablar a la emisora del pueblo. El Alcalde ofreció una recompensa de hasta $20 millones a quien diera información sobre los crímenes y anunció la prohibición del parrillero de moto en las noches. Por su parte, el Personero habló de la lucha entre bandas por el control de la zona, invitó a la gente a denunciar y a las autoridades a actuar. 

Al día siguiente de esas declaraciones, una tumba con una cruz de palo apareció en la parcela del Personero. 

“Eso está muy caliente. Nadie quiere salir tarde y del tema se habla con miedo porque no se sabe quiénes son los que están detrás de eso” dijo una de las fuentes. 

Están matando tanto consumidores como expendedores.

habitante de Cimitarra.

Aunque han circulado panfletos y listas en redes sociales entre los habitantes del municipio que dan a entender que se trata de una limpieza social, tres de las fuentes de Cimitarra que le hablaron a La Silla dijeron que esa sería una forma de desviar la atención sobre el presunto enfrentamiento entre las bandas. 

“Una banda venía vendiendo y surtiendo al municipio. Llegó otra banda y empezaron a decir que todo aquel que compre de la otra lo van matando. Buscan a los consumidores y les preguntan quién le vendió. Están matando tanto consumidores como expendedores”, afirmó una fuente que pidió la reserva de su nombre por seguridad. 

Ese rumor que le atribuye los homicidios a las bandas criminales aumentó luego del  asesinato del cauchero y las declaraciones del Personero.

Nadie da explicaciones

Según dos de las fuentes, lo más preocupante es el silencio frente a lo ocurrido de la policía, ejército, fiscalía, CTI y la Sijin que tienen presencia en el municipio.

La Silla habló con el Secretario del Interior de Santander Manuel Sorzano, y el coronel de la Policía Gustavo Franco, y ambos coincidieron en que ya se están adelantando investigaciones y que todas las hipótesis que se están manejando son reservadas. Además confirmaron que un poco más de 30 policías ya llegaron a Cimitarra a reforzar la seguridad.

Sobre el refuerzo de seguridad también habló el Alcalde, quien le contó a La Silla que el Ejército está haciendo retenes y patrullando en el casco urbano. Su secretaria de gobierno Gisela Martínez, dijo que están llamando a la comunidad a que denuncie cualquier tipo de información que tengan sobre los hechos, repartiendo volantes en los que se invita a que confíen en las autoridades.

Si bien tanto autoridades locales como policiales le negaron a La Silla que Cimitarra sea centro de operaciones de bandas criminales, una fuente que estuvo en un Consejo de Seguridad en Cimitarra la semana pasada, le dijo bajo cuerda a La Silla, que una de las hipótesis que se están manejando es que los recientes asesinatos serían producto del enfrentamiento entre el Clan Úsuga (con fuerte presencia en Puerto Berrío, municipio antioqueño colindante) y 'Los botalones', por el control del microtráfico en la zona. 

“Los botalones”  es una banda criminal que surgió luego de la desmovilización del jefe paramiliar alias “Botalón” y que, según cuatro fuentes que le hablaron a La Silla, manejan desde entonces el tráfico de drogas en el municipio.

“Los botalones” fueron mencionados en el último informe de riesgo inminente de la Defensoría del Pueblo sobre el municipio en 2013 por presuntamente haber amenazado de muerte a pobladores del corregimiento La India, por oponerse al tráfico de gasolina y cultivos ilícitos.  Luego, en febrero de 2015 los medios registraron la captura de 16 miembros de esa banda entre Puerto Boyacá y Cimitarra. 

De ser cierta la hipótesis que se manejó en el Consejo de Seguridad, lo que indicarían los recientes asesinatos es que el Clan Úsuga -la banda criminal que paralizó prácticamente tres departamentos en el paro que convocaron el 30 de marzo y 1 de abril- estaría entrando a disputarle el negocio ilícito a 'Los botalones' e intentando meterse así en Santander, donde nunca ha tenido presencia.

Habrá que ver lo que arrojen las investigaciones y si el refuerzo de seguridad evita que esa puerta se abra de par en par.

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