Por Laura Ardila Arrieta · 11 de Diciembre de 2016

Campamento en el que hombres de los frentes 41 y 19 del Bloque Martín Caballero esperan a sus tropas para una de las concentraciones en la que las Farc hará el tránsito de grupo armado a político. Fotos: Laura Ardila.

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Tercer pocillo de tinto. Cuarto guerrillero raso que pasa a saludar dando la mano. Primer chiste: “Sobre esto de la corrupción, a nosotros nos ha sorprendido mucho la naturalidad de algunos. Aquí ya han venido políticos, exalcaldes, no le voy a decir nombres, a hablar de proyectos para la comunidad. ‘Ahí partimos’, nos han dicho. Además nos llaman ‘camaradas’”. El comandante se ríe. Yo me río. Pero en realidad resulta no ser chiste. Aldemar Altamiranda, jefe del frente 41 de las Farc, prosigue serio: “Por eso es que la agenda de propuestas que ya estamos armando con la gente tiene que tener un fuerte componente de veeduría”.

Aldemar se refiere a las iniciativas sociales en las que de ahora en adelante tendrán un papel protagónico en priorización y ejecución las comunidades, como lo señala el Acuerdo de Paz con esa guerrilla que ya fue refrendado y va camino a implementarse.

Mientras lo hace, en un radio que sintoniza la emisora bolivariana La Voz de la Resistencia suena un vallenato del Binomio de Oro, típico de esta época: “Navidad, la fiesta linda del año. Navidad, también de mis desengaños”.  

Unos 10 ó tal vez 12 guerrilleros de civil a su alrededor están en las tareas cotidianas de estos días de transición. Uno, por ejemplo, está al frente de la olla de tinto. Otros más ayudan a acondicionar un kiosco de madera para reuniones. Una guerrillera joven hace guardia con su fusil al hombro. Todos saludan con amabilidad y, en lo posible, apretón de manos.

Junto al comandante, en torno a una mesa plástica, la única guerrillera uniformada en la escena: Adriana, encargada de comunicaciones con la prensa. Y a su lado Jimmy Ríos, un guerrillero al que muchos líderes sociales y lugareños describen como “comandante” por su localmente conocido liderazgo político.

Porque tira línea así: “El Acuerdo es un campo de lucha, el Gobierno lo hizo así. Se puede convertir en plataforma política para nosotros y para el pueblo”, dice alrededor de la mesa. Aldemar y su gorra negra que reza en un lado “juramos vencer y venceremos” asienten.

Es 6 de diciembre. Según el anuncio del Gobierno, se supone que ya empezaron a correr 30 días para que las Farc se concentren en 27 sitios veredales del país en los que se desarmarán de aquí a seis meses.

Sin embargo, aquí en la zona de la Serranía del Perijá en la que se concentrarán los frentes 41 y 19 del Bloque Martín Caballero aún no está la infraestructura gubernamental. Ni el campamento para todos los guerrilleros ni el alojamiento para los monitores internacionales ni las vías de acceso.

Aldemar y algunos de sus hombres levantaron caletas, construyeron el kiosco de madera para reuniones y hasta adecuaron un pequeño espacio entre el monte como helipuerto para altos funcionarios, porque llevan preconcentrados en el punto unos 15 días.

Están aquí desde antes de que el área fuera elegida oficialmente como de concentración el día 7 y el resto de las tropas comenzara  a llegar el día 8.

La guerrilla la propuso luego de que el Gobierno descartara una vereda llamada Los Encantos debido a la oposición que hizo el pueblo indígena Yukpa, que por vivir en cercanías y considerarse afectado, exigió una consulta previa.

Es exactamente una finca que se tomará en arriendo. Queda montaña arriba a unos 20 minutos del municipio de La Paz, en el Cesar, y a tres kilómetros y medio del corregimiento más grande de éste: San José de Oriente, en las estribaciones de la Serranía.

En su puerta de entrada ondea en alto una bandera de Colombia que tiene una cuarta franja de color blanco y hay un aviso junto al dibujo de una paloma que reza: Bienvenidos, territorio de paz, Farc-EP.

Desde ahí hasta el kiosco de madera junto a la mesa de plástico en la que está ahora Aldemar con Adriana y Jimmy, que es un área llamada “de recepción”, hay unos 15 minutos de trocha mala entre subidas y bajadas que deben hacerse en camioneta.

A varios minutos a pie, hacia el monte más plano, está la zona de las caletas que no es posible ver desde la recepción. Para allá no pasa nadie. O casi nadie.

En la recepción el comandante Aldemar lidera reuniones, recibe invitados, atiende entrevistas.

El frente que comanda es señalado de haber cometido extorsiones, secuestros, abigeato, asesinatos, durante muchos años en el Cesar. Muchos.

En San José de Oriente, en particular, padecieron intimidaciones, emboscadas y muertes entre los 80 y los 90. Hace unos meses, muchos allí rechazaban o estaban preocupados por haber sido escogidos como poblado sede de una concentración guerrillera.

Pero las noticias hoy hablan de otra cosa.

Hablan sobre los encuentros guerrilleros con líderes para debatir proyectos comunitarios. Sobre jornadas con Juntas de Acción Comunal para planear esas iniciativas. Sobre pedagogía del Acuerdo a campesinos.

Reuniones sin armas, según confirman por fuera de esta finca desde funcionarios de la Alcaldía de La Paz hasta líderes de víctimas que lo han visto como Deivis Montaño. Él es el coordinador de la Mesa de Víctimas de La Paz. Fue desplazado por las Farc en 2004. Y además votó No en el plebiscito histórico en el que en el país ganó el rechazo a los acuerdos con esa guerrilla.

Las vienen convocando justamente desde la jornada de ese 2 de octubre.

Durante estos dos meses largos en los que el proceso de paz llegó a estar en el aire, este grupo de guerrilleros, dicen en el pueblo que unos 50, se mantuvo en las vecindades de San José de Oriente, un poblado que terminó convertido al uribismo durante la época de la Seguridad Democrática.

Tan uribista que fue el único de los seis corregimientos de La Paz en el que el uribista Óscar Iván Zuluaga le ganó a Juan Manuel Santos, tanto en la primera como en la segunda vuelta presidencial.

Ahora muchos de sus habitantes van a las reuniones farianas.

“La paz convoca más allá de nosotros. La paz y la expectativa de proyectos y desarrollo”, dice Jimmy Ríos, que tira línea.

Los dejamos con esta canción guerrillera, anuncia el radio en La Voz de la Resistencia.

***

Al fondo del audio de la invitación que circuló por páginas web de la guerrilla, por redes y celulares se oía a Diomedes:

Quiero traer de La Guajira el sentimiento

de las montañas guerrilleras un son de paz

quiero traer para el amor el pecho abierto

y mi garganta dispuesta para cantar:

canta conmigo, mi pueblo, y el viejo Valledupar

La estrofa del vallenato grabado en los 90 se repetía mientras una voz amable convocaba:

Queremos ver unidos en pleno disfrute a los padres con sus hijos, a los abuelos con sus nietos, a los vecinos, a los docentes, a los estudiantes, los campesinos y las mujeres, los jóvenes, todos. Este domingo 30 de octubre gran vigilia por la paz...

Después de décadas de clandestinidad, las Farc y la población de San José de Oriente se vieron las caras abiertamente ese día y por varias horas. Aldemar Altamiranda lideró la jornada y, según la local Cacica Stereo, asistieron unas 500 personas.

No hubo armas ni uniformes en el coliseo cubierto del sector llamado Betania en donde se realizó el evento, que impulsaron también movimientos ciudadanos que habían apoyado el Sí en el plebiscito.

La guerrilla hizo pedagogía del Acuerdo que el país acababa de rechazar, hizo énfasis en sus frutos comunitarios, y el comandante del 41 dijo al público: “La paz se consigue con beneficios para el pueblo”.

Sol Marina Torres, concejal de La Paz por el uribista Centro Democrático, nacida y residente en San José, se subió al escenario e hizo un llamado a la reconciliación y al perdón. Se dio la mano con Aldemar. Todo el mundo aplaudió.

Por esos días, los guerrilleros estaban instalados en las vecindades de Betania. Antes habían acampado cerca de Los Encantos, la vereda a unas tres horas de La Paz en la que iba a quedar el punto de concentración hasta que los Yukpa se opusieron.

Hace medio mes largo llegaron a la finca en la que están actualmente.

El sábado pasado, cuando se realizó la visita técnica del alto Gobierno, la ONU y encargados de las Farc para definir si se establecería allí el sitio definitivo para concentrarse, líderes de Los Encantos por fuera de los Yukpa llegaron hasta la Alcaldía a quejarse de no ser ya la vereda anfitriona. Tenían la expectativa de que si lo eran el Estado les iba a construir una buena escuela.

En estos 15 días de preagrupamiento, la guerrillerada ha continuado su acercamiento a la comunidad de San José. Tanto que algunos habitantes se atreven a predecir informalmente que si el plebiscito se repitiera en el corregimiento, el Sí ya no ganaría en un apretado 502 contra 428, sino que barrería.

Quién sabe.

Hace poco convocaron una reunión de líderes de Juntas de Acción Comunal, incluyendo los del corregimiento de San José y sus 26 veredas regadas sobre la Serranía del Perijá. La idea era socializar las necesidades y posibles proyectos de cada poblado. La cita, bajo el kiosco de madera que hicieron en la zona de recepción. La pancarta en el lugar: el pueblo gana con el Acuerdo de paz. Los invitados, 100.

Organizaron para 100. Cien almuerzos. Cien sillas. Llegaron unos 300 y tocó echarle más agua al tinto.

“Hemos tenido reuniones en el Parque del Café, en el colegio, en el salón comunal, en el mirador”, las enlista sentado en la puerta de su casa Jorge Eliécer Pérez, el presidente de la Junta de San José de Oriente: “La gente está contenta, ellos se han acercado  y están averiguando las necesidades prioritarias”.

Las de San José, en donde pequeños y medianos agricultores viven de sembrar cacao, café, maíz, verduras y frutas, tienen que ver básicamente con vías terciarias para poder sacar las cosechas sin que se dañen. Y también con mejor electrificación, un acueducto y un centro de salud.

Abajo, en La Paz, un funcionario de la Alcaldía comenta al respecto que su impresión es que con sus maneras la guerrilla aquí parece querer desafiar a los políticos tradicionales: “En pocos días de preconcentración han discutido inversiones, trazado líneas generales de desarrollo. Han sido frenéticos y eso está bien y será muy interesante para la dinámica política”.

También desde la puerta de su casa en el barrio El Mirador del corregimiento que tiene unos cinco mil habitantes, Deivis Montaño, el coordinador de la Mesa de Víctimas que votó por el No, reflexiona sobre el momento que está viviendo la población.

Dice que no olvida los años aquellos en los que mientras arriba de la montaña, en San José, las Farc azotaban, abajo en La Paz los paramilitares no daban tregua.

- Sí, éramos un pueblo uribista, tuvimos muchas razones, pero en todo este proceso estamos viendo que la posición de las Farc es más política que armada.

- ¿Y ya nadie los rechaza?

- Todavía hay gente con temor, pero a eso hay que sumarle todo el factor del dolor de las víctimas.

- ¿Votarías de nuevo por el No?

- Hoy votaría por el Sí.

- ¿Por qué?, ¿qué ha cambiado?

- Pues, el acercamiento de las Farc al pueblo ha sido super importante. Yo creo que hoy algunos se sienten más cercanos a ellos que al propio Gobierno.

***

Al fin y al cabo un ejército que ha sobrevivido por más de medio siglo, así sea época de transición aquí los horarios son estrictos. La levantada es a las 4 y 50 de la mañana y el almuerzo a las 11 y 30. Sin falta. A punto de que sirvan, el guerrillero Jimmy Ríos tiene la palabra en la mesa plástica en la que siguen Adriana y Aldemar:

El Sí perdió porque no nos dejaron participar, porque dizque proselitismo armado, pero supongamos que ellos (los del No) se quedan con sus seis millones de votos. Nosotros vamos por los 22 millones que no votaron. Lo de las hectáreas de tierra (dentro del Acuerdo, para campesinos sin títulos o sin suficiente tierra para subsistir) fue una conquista nuestra, tenemos derecho a decir eso. ¿Te imaginas a estos muchachos (los guerrilleros) de vereda en vereda, con identidad campesina, invitando al pueblo a defender en las urnas sus tres millones de hectáreas?

En igualdad de condiciones democráticas, van a perder. Si no nos matan, van a perder.

El almuerzo es una carne de res suave, con arroz de fideos, plátano maduro cocido y ensalada de pepino con cebolla y tomate. El agua de panela toca tomarla rápido porque si no, puede incluir una o dos avispas dentro.

No sé si hace parte del reglamento, pero ningún guerrillero almuerza conmigo ni con el conductor con el que llegué. Aldemar y Jimmy se levantan de la mesa. Adriana se queda acompañándonos.

Es un buen almuerzo para ser las Farc. La comida desde el cese del fuego la manda el Gobierno en cantidades muy superiores a las que muchos allí están acostumbrados.

Una parte está guardada en un depósito en un barrio de San José, en el que a veces han visto guerrilleros regalándola a personas necesitadas.

Eso, el sedentarismo, las horas libres para ver televisión, los celulares que ahora casi todos usan, hacen parte de los cambios que desde hace semanas ya están viviendo en este grupo de farianos de los frentes 41 y 19 en estos “días de flexibilidad”, como los llama alguien en el lugar. “Ahora tomamos más gaseosa que jugo”.

El comandante Aldemar regresa y nos invita a pasar hacia el campamento al que no pasa nadie. O casi nadie. En donde están las caletas, el aula, la rancha, los chontos. En donde vive en estos días parte de su guerrillerada.

Caminamos unos minutos y aparecen los cambuches, que están organizados en varias filas, de manera que luce como las callecitas de un barrio. Los mal cuento y me dan unos 20.

Un palo con una bandera blanca pequeña. La rancha a mano derecha y el aula a mano izquierda.

El aula es el levantamiento más grande del lugar. Varios palos armando un gran rancho con techo de plástico. Es para reuniones, estudio y ver televisión, cuando prenden la planta.

Dentro tiene una bandera de Colombia con una cuarta franja blanca, el televisor, varias mesas y sillas de plástico.

Algunos están terminando de almorzar. Hay niños, que claramente son familiares de guerrilleros, y varios perritos cachorros.

A las 12 y 38 Aldemar pide poner el noticiero. Ponen el de RCN. Justo pasan la noticia de que están instalando los campamentos. “Cinco mil guerrilleros” ya comienzan a caminar hacia los sitios de concentración, dice el informe. Varios se ríen. “¿De dónde sacarán esas cuentas?”, comenta un guerrillero.

Los noticieros hay que verlos siempre, me dice Adriana. Porque todos los días se reúnen en el aula a analizarlos y en cada sesión hay encargados de explicar las noticias.

Esa tarea, que no es nueva en las Farc, está expuesta en hojas de cuaderno pegadas con cinta a la mesa de madera sobre la que está la televisión:

Noticiero de la primera escuadra. Lunes: Catalina. Martes: Lilibeth. Miércoles: Erick… Domingo: película y música.

Al lado derecho del televisor, una cartelera blanca con recortes y explicaciones didácticas del Acuerdo de paz. Y más allá la obra ‘Desenterrando memorias’ de una artista guerrillera llamada Inty Maleywa, que en 12 dibujos, que fueron plastificados y unidos en uno solo horizontal de varios metros, cuenta la historia de la violencia en Colombia y la lucha fariana por décadas.

Adriana me los explica con entusiasmo uno por uno: la masacre de las bananeras, las luchas estudiantiles, el frente nacional, el desplazamiento, Rojas Pinilla, las guerrillas liberales, la VII Conferencia en la que las Farc adoptan su nombre, el paramilitarismo…

“Pensar que las peticiones del comandante Manuel Marulanda en salud y educación costaban cinco millones de pesos que el Gobierno no quiso pagar. Por cuenta de eso se prolongó una guerra 52 años”, dice Aldemar.

Un conflicto que hoy aquí, mientras sigue sin arrancar del todo la concentración, es pura tranquilidad y buenas maneras.

En un rato unos guerrilleros jugarán fútbol, otros volverán a hacer tinto y veré a algunos más pedir permiso para bañarse. Todos saludarán. En lo posible de mano.

Tal vez las Farc saben hacer más política que guerra.

(Para ver la galería, haga clic en los puntos).

 

Comentarios (3)

Santiago Garcés

11 de Diciembre

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Que belleza de entrada! No solo me pareció bien escrita, sino incluso conmove...+ ver más

Que belleza de entrada! No solo me pareció bien escrita, sino incluso conmovedora. Ojalá la entrada con plenas garantías de las FARC a la política legal e institucional implique un desafío al sistema político que nos permita, entre todas y todos, construir una política más limpia, menos clientelista, menos corrupta, y al servicio de la gente.

judijasa

11 de Diciembre

0 Seguidores

El título es confuso y no refleja el contenido amplio del texto.

El título es confuso y no refleja el contenido amplio del texto.

José Saramago

11 de Diciembre

1 Seguidores

La region Caribe: la region mas corrupta de Colombia,la de de menor voto ...+ ver más

La region Caribe: la region mas corrupta de Colombia,la de de menor voto de opinión.La mayoria del voto se vende y compra por los grandes caciques,y es donde se definen las elecciones nacionales a traves de las maquinarias politicas mal llamadas 'ENMERMELADAS',Contrasta eso con una minoria de voto de opinion que es bien pero izquierdizado,ese ultimo voto se ira para las FARC-UP?

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