Menú principal

Domingo Agosto 31, 2014

José Alejandro Castaño empezó su carrera como periodista en El Colombiano a fines de los noventa. Su último trabajo de planta en un medio fue en El Mundo de Medellín este año. Recientemente publicó una novela sobre Pablo Escobar y su familia. Castaño ganó premios de periodismo en Colombia, España, Cuba y se convirtió en una celebridad entre los reporteros. Compartió foros con otros escritores-celebridades. Fue una autoridad en el tema de la no ficción en Iberoamérica. Pero la mala reputación entre sus colegas empezó a crecer, se decía que inventaba fuentes y hechos, y a pesar de eso los medios seguían publicando sus crónicas. Esta es la historia.

Años atrás

Cuando el Independiente Medellín quedó campeón en 2002 tras 45 años de sequía, al otro día hubo una caravana de recibimiento. “¡Los queremos muchachos, gracias por limpiarnos el alma y darnos alegría! -vociferaban cinco prostitutas en las afueras de la iglesia de La Veracruz, y aplaudían y tiraban besos, y reían y bailaban. El sol, en todo lo alto, les derretía los rastros de pintura y les alargaba las sonrisas”, escribió Castaño. Dos reporteros que iban en el mismo vehículo que Castaño me dijeron diez años después que quedaron con la boca abierta al leer la crónica que describía un cuadro que no existió.

La nota de Castaño del día anterior, o sea un día después del triunfo del DIM, describe siete milagros que se registraron en la ciudad aquel domingo inolvidable en Medellín. Dice “según pudo comprobar El Colombiano”, un parapléjico se paró de la silla de ruedas, un asmático se curó, un postrado dejó la cama, una pareja cayó de un balcón sobre un vendedor ambulante y los tres se pararon ilesos. Hay nombres y apellidos. Pero no hay fotos, no se dice la ubicación de los milagros, ni cómo el periodista encontró tales exclusivas. Al parecer tampoco la cadena de mando de editores encontró necesario confirmar alguno de los fenómenos.

Pasaron los años y Castaño transitó por El País, El Tiempo, El Heraldo, y Semana. Publicó largas crónicas en medios como SoHo, El Malpensante, Etiqueta Negra, Gatopardo y Letras Libres, entre otros.

En junio de 2010 escribió para Semana una crónica sobre la tragedia minera en Amagá. Pero Castaño nunca estuvo allí. Tres periodistas dijeron no haberlo visto en dicho pueblo del que no se movieron hasta el entierro de las 72 víctimas. ¿De dónde sacó los testimonios, el ambiente? ¿De la radio, de la prensa, de los reportes oficiales, de su imaginación?

Sin embargo, en febrero de 2011, cuando El Malpensante le mostró a Semana antes de publicar una nota en la que describía el engaño del que habría sido víctima la revista (junto a SoHo y la Casa América Catalunya) por parte de Castaño, el semanario hizo lo que nadie antes: verificar los datos de la última pieza de Castaño (en ese entonces su corresponsal en Medellín) antes de ser publicada. El reporte sobre una marcha cocalera en Anorí resultó estar lleno de testimonios y escenarios inventados. Comprobaron que Castaño no fue al lugar de los hechos y decidieron colgar la nota y despedirlo discretamente.  

El Malpensante dijo por fin lo que iba de boca en boca entre periodistas y que ningún medio había hecho público: “Tenemos fundadas razones para sospechar que esa crónica es falsa, si no por completo al menos en algunas de sus partes... Pero es un tema sobre el cual volveremos pronto. En todo caso, ese fantasma, el de la invención de datos y fuentes, ha perseguido a Castaño desde tiempo atrás y ya le costó una vez la expulsión de un periódico”.

El Malpensante no volvió al caso y después del incidente, El Malpensante mantuvo en internet una “entrevista anónima” hecha a Castaño dos años atrás. ¿Cómo puede ser posible una entrevista anónima?, ¿por qué el entrevistador no da la cara si el entrevistado es tan franco y lúcido?, ¿son la misma persona?. El Malpensante mantiene el contenido en la red con esta introducción: “retrata fielmente un caso ejemplar y sirve como diagnóstico certero de un conjunto de males sintomáticos del periodismo colombiano”.

Cuando Jason Blair del New York Times fue pillado en una mentirilla, el diario tuvo el valor de desandar los pasos de su falso cronista y encontró problemas en 36 de sus artículos: lugares en los que dijo haber estado y no estuvo, testimonios y escenas inventadas, tomó de textos de otros periódicos o agencias. El diario se desnudó totalmente en más de siete mil palabras, hizo mea culpa, cayó Blair, cayó el máximo editor del NY Times, Howell Raines, y el periódico también cayó en un desprestigio del que le tomó años recuperarse (son también recordados los casos de James Frey y Stephen Glass).

Pero en Colombia las cosas parecen distintas. Después de salir de Semana, Castaño se vinculó como editor de Metro de El Mundo. En una nota de abril de 2011 argumentó que los grupos criminales patrocinaban las barras de hinchas del fútbol. Javier Restrepo, jefe de redacción del diario, dijo que, conocedor de los malos hábitos de Castaño, antes de la publicación asignaron secretamente al reportero Guillermo Benavides para que rastreara el mismo caso.  

Tras una semana, Benavides estaba con las manos vacías. Pero Castaño ya tenía el testimonio de Mauro, un vigía del barrio Popular Dos, de un oficial de la Sijín, de un investigador de la Unidad de Fiscalías, de un funcionario de la Secretaría de Gobierno y hasta de la Policía Metropolitana. Todas sus fuentes preferían el anonimato, pero ratificaban la tesis de Castaño. A pesar de la oposición de Restrepo y Benavides, la editora, Luz María Tobón, dio luz verde a la nota de Castaño que fue publicada sin firma. Pero en adelante, la indisciplina de Castaño como reportero y editor la alertaron.

“Él es un aventurero teórico. Convierte intuición en hipótesis y eso lo quiere convertir en trabajos periodísticos,” dice Tobón, vinculada al diario desde 1991. En adelante colgó varios de sus trabajos. Recuerda particularmente uno sobre el barrio San Benito que ella conocía muy bien. “La historia era ridícula, él no hizo la reportería adecuada. ‘¿Quién te dijo esto?’ le pregunté. ‘El cura párroco’, respondió. Lo que me confirmó la debilidad de la historia”. 

En abril Castaño fue despedido sin ruido. “Su paso por El Mundo dejó como herencia un afinamiento en los controles. Él no respetó el manual de estilo ni la disciplina y por eso su contrato no fue renovado”, dice Tobón.

Cinco periodistas que fueron sus supervisores o compañeros en El Colombiano reiteran que tenían problemas con las fuentes de Castaño. Nunca pudieron certificar ciertos testimonios o la localización de algunos escenarios. Uno de ellos, Reinaldo Spitaletta, visitó antes que Castaño “Las Cuevas”, unos antros de drogadicción en Barrio Triste sobre los cuales Castaño escribió un reportaje con el que ganó el premio Casa de las Américas en Cuba. “Yo nunca vi esos personajes ni espacios que describió ni tuve pistas de uno de los asuntos que afirmaba al escribir que allí mataban y sacaban por partes los cuerpos descuartizados. Aparte, yo conocía mucho las calles y nunca encontré las prostitutas que sólo Castaño encontraba. Tal vez él tuvo más suerte.”

El líder comunitario “Papá Giovanni” quien lo guió y escoltó por Las Cuevas para el artículo original del diario, aunque no tuvo interés en leer la versión publicada después en un libro, dice “escuchaba que sus lectores comentaban de un mundo distinto del que yo transité día a día”.  

Historias recientes

A pesar de los rumores y del incidente de El Malpensante, Darío Jaramillo Agudelo lo incluyó en la Antología de la crónica latinoamericana actual de Alfaguara que salió publicada en España en febrero de 2012 y en abril en Colombia y en otros países como Estados Unidos. Rige la pregunta de si el compilador verificó los datos de la pieza “La cárcel del amor” incluida en el libro Zoológico Colombia (Norma 2008) o contactó a los editores originales para hacerlo.

En septiembre pasado, SoHo publicó una crónica de Castaño sobre un levantador de pesas colombiano que no pudo competir en los Olímpicos de Munich. Pareciera que hubo “perdón y olvido” a los “pecados” cometidos por el periodista en Semana, la revista madre.

En la Universidad de Antioquia, donde compartí clases con Castaño, nos enseñaron que el periodismo debe basarse en la realidad. Ahora pienso que si un texto contiene un 99 por ciento de hechos y el uno por ciento de ficción, se convierte en ficción. Como dice el veterano periodista nortemericano Bill Kovach, la verificación es el elemento fundamental del periodismo, lo legitima, y lo diferencia de otros géneros como la ficción o el entretenimiento. Así como algunos medios anglosajones como el New Yorker han constrido su reputación gracias a si juiciosa disciplina de verificación, algunos medios colombianos parecen pecar de laxos, o ser más flexibles con este tipo de "licencias literarias" que aun así se presentan como textos periodísticos.

¿Por qué si al deportista que se dopa le quitan los títulos y lo suspenden, o si un funcionario público interviene en política lo inhabilitan, a un periodista que miente se le deja tranquilo?

El mundo espera nada más que la verdad de nosotros los periodistas. Salud por los periodistas anónimos y profesionales que cada día se esfuerzan al máximo por acercarse a la verdad.

 

Nota de la Editora, Abril 3: varios meses después de publicada esta historia, José Alejandro Castaño pidió a La Silla una rectificación de esta historia. La Silla verificó de manera independiente la información del usuario y no concedió la rectificación. Sin embargo, hace dos aclaraciones al texto:

Sobre la crónica sobre la tragedia minera en Amagá: Según lo indicaron tres periodistas, Castaño nunca estuvo allí. Dijeron no haberlo visto en dicho pueblo, del que no se movieron hasta el entierro de las 72 víctimas. Sin embargo, dos fuentes de las que supo La Silla luego de publicada la historia aseguraron haber estado con él. Una, incluso, afirmó haber comido con él durante ese cubrimiento.

Sobre la salida de Semana, según algunas fuentes consultadas por La Silla, en Semana había dudas de que Castaño hubiera estado en el lugar de los hechos. De cualquier manera, decidieron colgar la nota y –tanto por esto como por el episodio de El Malpensante– los directivos optaron por despedirlo discretamente."
 

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Jue, 2013-06-27 11:32

Acabo de llegar de leer la página de El Malpensante en su escrito de abril de 2013 y debo confesar que he disfrutado cómo han tratado de descubrir a este bufón del periodismo. No conozco al citado "periodista" pero bastante información he leído en dicha publicación y este post me ha alimentado también para poder conocer más del tema.

Lamentable que este señor time de esta manera a medios de tal reputación, pero más que eso, se aproveche de la inocencia de los desprevenidos lectores.

Gracias por escribirlo Joaquín y por denunciarlo.

Sáb, 2012-11-17 19:21

Excelente artículo Joaquín, gracias. No sé qué me preocupa más, si las mentiras del periodista, la falta de control de los editores, o que de pronto haya leído varios artículos de Castaño...

Sáb, 2012-11-17 10:09

José Alejandro Castaño sí estuvo en Amagá en la tragedia de la mina San Fernando. Cubrí para El Colombiano la primera noche tras la explosión y comimos en el mismo restaurante, junto al fotógrafo del periódico. Luego, a medianoche, también lo vi en la mina haciendo reportería.

Sáb, 2012-11-17 17:39

Cuál es tu nombre periodista? Cuál es el nombre del fotógrafo? No crees un perfil sin decir quién eres y dónde trabajas.

Jue, 2012-11-15 08:13

Creo que los medios lo perdonan porque Castaño escribe muy bien. Sus crónicas son de verdad apasionantes. Por supuesto, tanto él como los medios que lo publican conociendo sus antecedentes están rompiendo un pacto fundamental con el lector y con los principios del periodismo. Lo mejor que podría hacer Castaño es declararse abiertamente como escritor de ficción.

Mié, 2012-11-14 09:34

Excelente y mas que oportuno articulo. Vivimos momentos de frivolidad y ligereza aterradores.

Mié, 2012-11-14 07:09

Excelente artículo, felicitaciones. Apenas me desayuno con la historia de este periodista.

Mié, 2012-11-14 08:45

Impunidad y más impunidad. En febrero de 2011 El Malpensante publicó un artículo titulado "El caso Castaño" que se puede leer en http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1752.

Añadir nuevo comentario
Hilos temáticos:
Tags: