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Sábado Octubre 25, 2014

“Mueren luego existen” dice el cronista Alberto Salcedo Ramos para referirse a los muertos que hacen visibles pueblos, personas e historias desconocidas en Colombia.

Masacres como la del Salado, Trujillo, Bojayá, Chengue, El Tigre, La Rochela, empezaron a arrastrarse, con la dificultad de un moribundo en el fango, para salir de la vorágine del olvido. Ahora, dos memorias más se unen: la de La Gabarra (Norte de Santander) y la del Alto Naya (en la frontera entre el Cauca y el Valle del Cauca); en la reconstrucción, desde la versión de las víctimas, de una de las oleadas de violencia que han sufrido estas comunidades.

El pasado 9 de agosto, la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes) presentó el informe "El día que se dañó la tranquilidad: violencia sexual en las masacres de La Gabarra y el Alto Naya" escrito por Lina María Céspedes-Báez. El evento se abrió con lo coyuntural: el “Bolillo” y su agresión a una mujer. Días después, el debate sobre esta noticia recordaba las palabras de Jorge Rojas, presidente de Codhes: “el alto grado de impunidad en la judicialización de estos crímenes constata la existencia de una cultura patriarcal y machista que permea los órganos estatales”.

El informe da a conocer la verdad de lo ocurrido en La Gabarra y el Alto Naya desde el relato de las víctimas. Al evento asistieron representantes de las mujeres de cada masacre: Eugenia Zabala, sobreviviente de la masacre de La Gabarra de 1999, y Licinia Collazos, de la masacre del Alto Naya de 2001.

Eugenia fue la primera en hablar. Luego de saludar, dijo “¡Qué se puede decir!”. Con su mirada por encima de las gafas recorrió de lado a lado el auditorio y soltó de un tirón su relato: “Al principio no queríamos recordar porque era duro, fuerte. Nosotros queríamos olvidar. No lo compartíamos con nadie. Nos invitaron a un taller recordatorio. Algunos aceptamos participar, otros no. Pero después de tantos años todavía teníamos miedo. Nos decidimos porque las mujeres, las niñas, los niños, bebés, abuelas, hombres, fueron violados. Picados. Y ni siquiera el pueblo colombiano sabía lo que pasaba”.

Han pasado doce años de la masacre y a Eugenia se le cortan las frases, una cadencia que le da aire para continuar pero todavía sus ojos se anegan bajo las luces del auditorio. La pregunta que la sume en silencio y que solo ella es capaz de romper, es un sencillo "¿por qué?", para lo cual no atina respuesta.

“Queremos estar en nuestra historia y más allá de la frontera. No queríamos que los hechos quedaran en la oscuridad, en un pedazo de tierra: en el corazón del Catatumbo. En ese tiempo las montañas lloraban, los ríos lloraban lágrimas de sangre. Nosotros sabíamos que allá estaban enterrados vecinos y amigos. Ahora no están ni para que cuenten. No quedó nadie para que no reclamara nadie,” dice Eugenia.

Un informe de la Defensoría del Pueblo de 1999 registró 402 masacres en todo el país, algo así como una masacre por día. El saldo de muertos que dejaron fue de de 1.863 personas: es decir, cinco por día. En Norte de Santander el número de muertos creció hasta 9.000 y fue la región más violenta del país en 2002, con 24 muertos por día. Salvatore Mancuso, Jorge Iván Laverde -alias "El Iguano"- y Armando Rafael Mejía -alias "Hernán"- no contentos con matar, han dicho que se levantaron ladrillo sobre ladrillo, hornos donde incineraban a sus víctimas. En esta misma región, en cercanías de Ocaña, fue donde se encontraron los jóvenes de Soacha ejecutados extrajudicialmente.

Cuando le tocó el turno a Licinia Collazos, representante de las mujeres del Alto Naya, habló sobre la guerra con una tranquilidad inquietante. Centró su preocupación en no premiar como verdad -en mayúsculas- las versiones de los paramilitares: “Se les debe salir al paso para que ellos no construyan la memoria. Faltan muchísimas memorias”. Recuerda Ever Veloza, alias "H.H.", que hubo días en que mataban 20 personas.

Igual que los de Eugenia, los reclamos de Licinia son por el abandono, la indiferencia y la estigmatización. Las víctimas sienten un gran desconocimiento por parte del Estado y la sociedad civil. No se les conoce pero sí se les tilda de algo.

Para Camilo González, presidente de Indepaz, estas memorias son “una apuesta digna de admirar porque las víctimas han dado ese nivel de resistencia en medio del conflicto”. Para Lina Díaz, investigadora del grupo de Memoria Histórica, “el reto está en cómo traducir todos estos esfuerzos de la memoria en cambios en lo local, en su cotidianidad”.

Eugenia se despide del auditorio diciendo: “¿Por qué nos decidimos? Porque muchas personas se van a enterar de lo que pasó. Por eso este día doy gracias. Ojala que nunca más suceda, pero aunque usted no lo crea, de pronto, sigue pasando. Esperamos que este material llegue a mucha gente. Gracias por escuchar. Gracias por escuchar”.

 

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Mar, 2011-10-11 08:34

Dany, buen artículo. Creo que en primera medida se debe señalar que cualquier escrito que vaya en esta línea del reconocimiento a las voces de quienes han sido víctimas de esta prolongada violencia, merece un fuerte aplauso. Algunos lo harán desde el campo de los estudios de género, otros trabajando por la no vinculación de niños niñas y jóvenes al conflicto, otros como defensores del pueblo, algunos redactando piezas únicas a partir de minuciosos hallazgos ubicados en relatos, entrevistas y distintas fuentes; lo cierto es que siempre serán bienvenidos todos estos esfuerzos. Fabi.

Dom, 2011-08-28 21:09

El Alto Naya no está ubicado en el Valle del Cauca, sino en el Cauca.

Lun, 2011-08-29 10:08

Cierto, muchas gracias, corregido.

Vie, 2011-08-26 12:16

Si Justicia y paz no recompone el rumbo,serán los asesinos que seguirán escribiendo con sus declaraciones la memoria de este País,pues la amenaza persiste con la ley de victimas,la estigmatización permanente que se hace de ellas,el no querer ceder las tierras despojadas -hoy lo reveló Minagricultura-el asesinato permanente de lideres como la prima de Piedad Córdoba,etc..
Fue un fenomeno que todos los gobiernos de los últimos 20 años dejaron crecer y no es fácil de erradicac si a toda hora y todos los días los medios y la sociedad civil no le exigen al gobierno y a la justicia que funcionen.

Mar, 2011-10-04 13:52

Con mucho respeto, no creo que sea algo que los anteriores gobiernos y el actual simplemente dejaron crecer como se entiende en tu planteamiento. Bien sabrás que para estos gobiernos ese accionar frente al tema de tierras era y sigue siendo algo necesario en vías de continuar manteniendo control sobre muchos de sus pulpos negocios. De esta manera lo único que a mi parecer "salvaría patria" sería que se cumpliera la utopía de una verdadera reforma agraria. Claro, el tema de las víctimas y "más que el tema" su realidad, es muy importante y deben hacerse todos los esfuerzos posibles por brindarles las mayores herramientas legales posibles para la restitución de sus derechos, entre ellos el derecho a la memoria y a sus tierras. Saludos.

Vie, 2011-08-26 11:07

Daniel, muy chévere esta historia. De alguna manera ayuda a que no suceda lo que alerta Licinia, que la memoria de este país termine siendo construída por los asesinos.

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