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Jueves Octubre 23, 2014

 

Por: Casa de las Estrategias.

 

A la luz de un gobierno nacional que parece haber extirpado el uribismo y un nuevo gobernador ya armado (y jugado) con Libro Blanco, vale la pena revisar las complejidades de esta región antioqueña frente a las mafias y el negocio del narcotráfico, en los pulsos que se vienen o de los que se puede desistir (por la tangente) con alguna bonita campaña publicitaria, precisamente para no hacer nada más. A veces pareciera que nadie en la Casa de Nariño y casi nadie en el costado sur de la Alpujarra conoce las complejidades de una región como el Bajo Cauca, que elegimos como ejemplo en esta entrada.

Puede ser que en la gobernación, con unos profesionales y tecnócratas destacados en su trabajo urbano, tengan toda la intención de desentrañar las complejidades subregionales paisas y que, aún más, se dejen asesorar, pero el proyecto de Santos apreciable para la clase media y las ciudades tiene riesgos de exacerbar un regionalismo siempre útil para la resistencia de las redes mafiosas. Se parte de un desconocimiento del presidente Santos de Antioquia (o mejor del Partido de la U después de depurado el uribismo) que puede tener algo de real, pero que tiene su asiento en un espacio ideológico que se ha desarrollado a partir de intereses irreconciliables.

El Bajo Cauca es la región Noroeste de Antioquia compuesta por los municipios de Nechí, El Bagre, Cáceres, Zaragoza, Tarazá y Caucasia. Todos nuestros entrevistados concuerdan en que es la zona con menos Estado de Antioquia, pero no todos en que sea pobre. Algunos argumentan que hay unas rentas estratégicas, unas potencialidades para el comercio y unas grandes riquezas naturales (principalmente auríferas) que sólo unos pocos logran aprovechar.

La región podría perfectamente quedar opacada con la importancia que está cobrando Urabá, siempre vista como una zona más estratégica que el Bajo Cauca para el  desarrollo de Antioquia y Colombia. Sin embargo, hay que recordar que es el Bajo Cauca, y no Urabá, la zona más violenta de Antioquia. Teniendo en cuenta la tasa de homicidios de los municipios tenemos en el Bajo Cauca a Caucasia con 186, Cáceres 151 y Zaragoza con 211, mientras que en Urabá Turbo aparece con 44 y Apartadó con 46 (Forensis, 2010). (Refiriéndonos a los relatos y los testimonios la comparación sigue arrojando algo similar).

 

                                     Datos: Forensis 2010. Elaboración propia. 

 

El Bajo Cauca con su principal centro urbano, Caucasia, es un auténtico cruce de caminos de paso obligatorio hacia el caribe colombiano. Adicionalmente, se ha presentado como la zona en Antioquia más problemática frente a los cultivos ilícitos.

Dadas estas características visibles desde un helicóptero o un satélite, la estrategia en esta región es un buen ejemplo de una estrategia bastante fallida frente el fenómeno del narcotráfico: quizá se ha golpeado la parte equivocada de la cadena de valor en el narcotráfico, o sea los cultivos, pero definitivamente se ha subestimado el tejido social y las redes de poder.

Tras tantas fumigaciones en el Bajo Cauca la subregión reveló su verdadera vocación en el narcotráfico: centro logístico y centro transaccional. Siendo un cruce de caminos, esta zona se volvió importante en el transporte interno de la pasta básica de coca y la cocaína, pero también se volvió una importante caleta. Frente al segundo aspecto, nos encontramos con el asunto de la socialización, donde los diferentes negociantes de la cadena de valor en el narcotráfico se ven en la necesidad de visibilizarse y con eso vienen otras necesidades.

Visibilizarse. Necesario para las transacciones en el narcotráfico, trae consigo los riesgos de la competencia y de la justicia. Al primero, se le suma a la siempre probable insubordinación y traición de los miembros de la misma organización y se intenta subsanar con fuerza (preventivamente) y violencia (“correctivamente”). Ante el segundo riesgo, la estrategia no es la violencia sino la corrupción. Aquí un error común es simplificar la relación y tipificarla, cuando hay distintos tipos de subordinación y cooperación (inclusive inconscientes) entre políticos y narcotraficantes.

El alcalde electo de Caucasia (José Nadín Arabia Abisaad) es denunciado públicamente por la Misión de Observación Electoral (MOE) por sus vínculos indirectos con el anterior jefe paramilitar “Cuco Vanoy”, a partir de unas conjeturas sobre la financiación de su campaña. Lo que muestra la pesquisa de la MOE no es un delito, pero sociológicamente estaría avisando que hay un mismo tejido socioeconómico sobre el cual se ha levantado el fenómeno criminal y también la nueva (o mutada) clase política.

Esto constituye un gran riesgo institucional y cívico para el Bajo Cauca que se explicita en la marcha del 11 diciembre del 2006. En tal movilización, este líder parecía validar las acciones que se publicitan como del ideario de las AUC, desde una protesta por la inseguridad que sintieron después de la desmovilización. Estamos entonces refiriéndonos a un terreno propicio para el narcotráfico por factores geográficos, económicos, pero más trascendentalmente, por un asunto de la cultura política que enmarca  a la élite y la clase política subregional.

Refiriéndonos a la obra de Gustavo Duncan se trata de élites “poco domesticadas” con las que históricamente el gobierno central, a través de los partidos, tuvo que pactar. Basta una mirada a la obra de Francisco Gutiérrez y la de Fernán González para entender que la inclusión en los acuerdos del poder político muchas veces no pasaba por la estatalización, ni tampoco el respeto genuino a la norma.

Centros urbanos como los de Caucasia se desarrollaron a partir de un pacto y unas conveniencias sobre el orden social, donde negocios y fortunas alrededor del campo, la minería y el comercio se consolidaban a partir de la laxitud de la norma. En ese terreno el narcotráfico aparece como un negocio más, en el cual se configuran las élites locales que aparecieron con cierto nivel de maniobra, pero siempre debajo en la jerarquía de políticos y, luego también, de comandantes (de hacienda) antioqueños (o antioqueñizados).

Siguiendo en la línea de la anterior columna, queremos señalar acá la complejidad de las redes y conexiones en los centros poblacionales que al ser obviados o ignorados por los poderes centrales de la política y la economía han dado paso así a vacíos y paralelismos que han generado resistencias y alta peligrosidad en el fenómeno del narcotráfico.

Aquí, pareciera que nos enfrentáramos a lo que se ha conocido como la Teoría de los Dos Demonios (para el caso de la zona tres: narcotráfico, paramilitares y guerrilla), donde el Estado se vuelve un agente externo que sólo entra con Fuerza Pública, haciendo caso omiso a las profundas contradicciones e intersecciones entre agentes políticos, sociales y económicos de la zona que han incidido en el surgimiento de estos dos demonios.

Habrá que esperar si la Gobernación (de Antioquia) y el Gobierno Nacional logran cooptar (lo suficiente) a las élites locales para su agenda institucional, pero lo que es seguro es que una ruptura total puede generar un caos tan significativo y necesitar una cantidad tal de capital político que puede no ser viable, ni deseable.

 

 

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Lun, 2012-03-19 10:56

Excelente resumen de los inmensos retos en una subregión olvidada. Precisamente por las razones por las cuales es estratégica para las mafias, se debe volver estratégica como experimento de 'polo de desarrollo sostenible'; que gran reto!

Lun, 2012-03-19 13:20

El reto está en entender las entramadas y confusas relaciones políticas en esta región. Lograr desenmascarar estos actores y recuperar gobernabilidad es parte de la tarea.
¡Gracias por comentar!

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