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Jueves Julio 24, 2014

El Blogueo

 

La historia de la reglamentación de las drogas en Colombia y el mundo no constituye una línea coherente. Por el contrario, está trazada por posiciones contradictorias de los partidos políticos, expertos en salud y demás agentes alrededor del tema, los cuales han cambiado de posición según las coyunturas.

Desde la antigüedad ha existido una mediación entre el ser y las drogas. Ésta ha tenido muchas formas, pero en general se detectan algunos rasgos preponderantes que podrían ser los que dieron forma a las posturas prohibicionistas, los cuales son señalados por Antonio Escohotado. El primero es la religión anglosajona, la cual vio un “paraíso artificial” en las drogas (primero el alcohol y luego las otras) que competía con la pureza religiosa. Segundo, el crecimiento de centros urbanos e industrializados demandaba un control social que se veía amenazado por las “desviaciones” que producían los estados alterados de conciencia. Tercero, el surgimiento del estado de bienestar tiene como fin encargarse de poblaciones marginadas como lo eran los drogadictos. Y por último, las guerras del Opio (conflicto anglo-chino) definieron ciertas pautas de prohibición, denominadas por el autor como “farmacráticas”, que con el tiempo se volverían socioeconómicamente rentables para los estados.

La primera experiencia legislativa a nivel mundial que se registra en contra del consumo y venta de drogas se da en 1875 en San Francisco. Aquí, se penalizó el consumo de opio por parte de jóvenes, especialmente los asiáticos. Esto generó una reacción en cadena alrededor de casi todos los estados del oeste de .E.E.U.U con legislaciones similares hasta 1890, donde se empezaría a tratar a los consumidores como delincuentes. Ya para el periodo entre 1909 y 1912 se dan las comisiones internacionales del opio y ley de Narcóticos Harrison en EE.UU, las cuales prohibían la distribución y uso de cocaína y opio. Este sería el modelo norteamericano de prohibición que reinaría en casi todo occidente, el cual exigía la redención de productores, distribuidores y consumidores por igual.

 

 

Esta persecución alineada con el puritanismo que arribó a EE.UU con el Mayflower, se agudizaría en 1919 con la ley Volstead o Acta de prohibición de las bebidas alcohólicas, hasta 1933 que fue revocada por la oleada de violencia y considerada como una medida fracasada. Luego con Mayo del 68, el breve fortalecimiento de la izquierda a lo largo del mundo y la derrota sufrida por EE.UU en Vietnam, crece un nivel de polarización que se plegaría a posiciones radicales frente a las drogas y generaría un nuevo aliento prohibicionista como un ataque frontal contra lo que llamaría Nixon: “las raíces del crimen.”

Nixon, establecía una extraña relación criminológica entre el hedonismo y la delincuencia, expuesto en declaraciones como que “Para borrar el ominoso legado de Woodstock necesitamos una guerra total contra las drogas. Guerra total significa guerra en todos los frentes con un enemigo con muchos rostros” o “la guerra contra las drogas es nuestra segunda guerra civil” (1970).

Estas declaraciones incendiarias de Nixon empezarían a gravitar alrededor de toda una infraestructura de seguridad e inteligencia (coincidente con la aparición de la DEA en 1973) que se desplegaría alrededor de todo el mundo, donde Colombia no fue la excepción.

 

 

Para la década de los 70 en Colombia se discutía sobre la legalización de la mariguana, como droga preponderante de la época y país número uno en producirla a nivel mundial. Sin embargo, el gobierno de la época se oponía. Asimismo para esta época se expide el decreto 1188 de 1974 que tipificaba como delito la producción y tráfico de marihuana, cocaína o morfina. Mientras esto ocurría, en Europa se discutía la posibilidad de legalizar, sin embargo, la postura de EE.UU seguía siendo prohibicionista.

En los 80 en Colombia se presentaba una violenta escalada del narcotráfico contra la clase política (Lara Bonilla, Galán, Carlos Mauro Hoyos, entre otros), llevando al estado a legislar en tiempo record toda suerte de medidas contra las drogas y, especialmente, contra la cocaína. Para finales de esta década, todos los candidatos a la presidencia eran prohibicionistas. Ernesto Samper (que años antes había propuesto la legalización de la mariguana), Durán Dussan, Gómez Hurtado  Bernardo Jaramillo y Gaviria en la posición más radical, estaban en contra de la legalización de las drogas. Vale la pena destacar lo que decía Gaviria al respecto, toda vez que fue el ganador: “No tengo previsto establecer ningún tipo de diálogo” (hablando de la guerrilla y el narcotráfico). Sin embargo, en lo local el consenso no era tan visible. En Medellín, ciudad que más sufría los embates del narcotráfico, el alcalde Martínez (del partido Conservador) declaraba en un foro de alcaldes en Madrid la necesidad de legalizar las drogas.

 

 

Ya para la década de los 90, la guerra contra las drogas se agudizó y los recursos para ésta se multiplicaron. Aunado a esto, aparecieron los discursos expertos, como el de la ONU, afirmando que la droga era causante de violencia y que no se debía diferenciar entre drogas duras y blandas, advirtiendo la peligrosidad de todas éstas y la necesidad de combatirlas. Esta dinámica continúo a nivel mundial hasta el cambio de milenio. Al parecer se abrían muchos debates de todo tipo alrededor de la legalización, pero siempre eran frenados por una voz de talla mundial (primero EE.UU y después la ONU).

Para el año 2010 se resalta un hecho paradójico: California, estado donde se había legislado por primera vez contra el opio en 1875, lanzaba una consulta popular sobre la posibilidad de legalizar la mariguana en este estado. Sin embargo, esta consulta diría no a la legalización.

En Colombia, el presidente Santos declararía que acompañaría la legalización de las drogas, si los otros países del mundo estaban a favor y si además se realizaban estudios que comprobaran que se reduciría la criminalidad y la violencia con esta medida. Curiosamente, el político de la UP asesinado, Bernardo Jaramillo, habría declarado algo parecido en las elecciones presidenciales de 1989.

De estos fragmentos históricos alrededor de la legalización, se puede destacar que en general siempre ha habido una voz de mando que ha marcado los ritmos de las posturas (y guerras) contra las drogas. Recordando los rasgos que fueron el génesis de las posturas prohibicionistas, pareciera ser que, fuera de que la prohibición genera réditos para los que trafican y los que la combaten, también crea todo un universo discursivo que da sustento económico, político y social a muchas voces que están abriendo constantemente el debate sobre la legalización de las drogas sin llegar a ningún lado, pero justificando también unas banderas que se ahogan en la falta de creatividad.

Hemos querido en este blog trabajar desde tres entradas y diferentes disciplinas que dan cuenta de un recuento histórico sobre las drogas. Si quisiéramos optar por tomar partido sería algo tímido, pero plantearíamos que es un error tratar a todas las drogas hoy ilegales por igual. Es claro que la guerra contra las drogas la llevamos pérdida, por lo que volver a los orígenes, repasar nuestra historia y hacer diferenciaciones médicas y sociales, puede acotar el problema y desconectar estratégicamente bases sociales que hoy pueden instrumentalizarse para la violencia. 

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Dom, 2012-05-13 23:24

Hay un imbécil haciendo spam, y creo que no hay una herramienta para denunciarlo. Hace falta.

Jue, 2012-03-08 16:05

No se pueden legalizar las drogas porque imaginense la crisis económica que desataría en varios sectores económicos especialmente el bancario en EEUU, además el desmonte de agencias como la DEA y el recorte de personal en la CIA. En Colombia aumentaría las tasas de desempleo porque el recorte de personal se extendería a la Policía, el ejercito, el DAS sin tener en cuenta la crisis en sectores como el inmobiliario. Mal negocio para USA...

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