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Viernes Octubre 24, 2014

Por: Casa de las Estrategias.

 

Los costos en la salud

Estuvimos conversando con Diana Sánchez, quien trabaja en urgencias en un hospital al centro-sur de Bogotá, al que llegan personas provenientes, principalmente, de lo que se conocía como el Cartucho y el Bronx. Muchas de estas personas, fuera de las heridas por arma blanca producto de riñas callejeras, llegan con diferentes grados de intoxicación por el consumo de diferentes sustancias.

La mayoría de las personas que llegan son habitantes de la calle, prostitutas y todo tipo de población vulnerable, aunque advierte que también se ven casos de gente que viene de otros barrios de la ciudad a consumir a estos guetos y que terminan en urgencias con algún tipo de sobredosis.

Diana, nos cuenta que el caso más frecuente de sobredosis es de basuco. Sobre éste, destaca que las mezclas varían mucho, pero que en general, está compuesto por cocaína y heroína y, algunas veces, raticidas. El estado en que llegan estos consumidores tiene que ver principalmente con una sobrexcitación del sistema nervioso afectando la situación motora. Aquí, nos cuenta que esta mezcla de drogas se va directamente al torrente sanguíneo y que es una traba que dura muy poco, lo que requiere muchos “cigarrillos” seguidos, aumentando el riesgo de sobredosis.

La historia del basuco en Colombia tiene matices contradictorias. En 1986 aparece un reportaje sobre el basuco en Colombia en el periódico el País de España. En éste se mostraba como en los primeros intentos por procesar coca quedaba el rezago de la base de coca que era fumado por los mismos encargados de la “cocina”. Esta práctica se fue trasladando a las ciudades, primero a los sectores más pobres y luego, para finales de los 80, existían en algunas de las ciudades del país lugares dentro barrios de estrato alto donde ejecutivos y empresarios iban a fumar basuco, como en cualquier club de reunión social. Sin embargo, con el incremento del uso de la cocaína en las clases altas, el basuco quedaría estereotipado como una droga propia de habitantes de la calle. Aclarando que usamos la palabra estereotipo, porque hoy no queda claro que sea una droga exclusivamente de esta población vulnerable, toda vez que hay bastantes historias de diferentes tipos de personas que llegan con sobredosis de basuco.

Siguiendo con el testimonio de la doctora, nos cuenta que en segundo lugar por sobredosis estaría la cocaína. El problema con esta droga es que las condiciones para que a alguien padezca una sobredosis pueden variar en cada momento. Por lo que una persona que normalmente ha presentado cierta resistencia a intoxicarse con cocaína, puede un día no resistirla y terminar intoxicado.

En tercer lugar, se encuentra la mariguana. De esta droga, nos cuenta que los casos son muy diferentes y que las condiciones de esquizofrenia y delirios de persecución, fuera de estar influenciados por el uso de esta droga, tienen que ver también con una predisposición genética a la esquizofrenia. El problema con la mariguana es que sus usos deben de ser muy calculados para no producir intoxicación.

En el cuarto lugar está el alcohol. Aquí, la entrevistada advierte que no se trata del alcohol tradicional, sino que la mayoría de casos de intoxicación se deben al uso del alcohol de farmacia o industrial. Estos casos, en general, no presentan una afectación al sistema nervioso y se curan con lavados gástricos.

En último lugar, se encuentra la heroína. Sobre esta droga nos cuenta que el gran problema seguirá siendo la adicción que presenta, toda vez que los niveles de dopamina que libera en el organismo no son fáciles de remplazar con casi nada, poniendo al organismo entero en función de la necesidad de más dopamina. Adicionalmente, dadas las vías de uso (jeringas infectadas) de esta droga, suelen presentarse otras enfermedades.

Esta entrevista va dejando claro el impacto real que tiene en el sistema de salud, concretamente en las urgencias, el asunto de la farmacodependencia y como al negar las connotaciones culturales de una droga, lo que en realidad estamos haciendo es negar una cultura y no la cultura en la que se enmarca el consumo. El bazuco es un ejemplo de que al desplazarse de un tipo de consumidores a otro, éste es asumido como otra droga completamente distinta. Puede ser de utilidad esbozar la hipótesis de que con el cambio de público en el bazuco, estamos ante personas que ya estaban “destruidas” al momento del consumo y no antes.

 

                                               Ilustración: Tatiana Mejía.

 

Ciencia y placer

Acá nos desplazamos a la entrevista con una autoridad académica en el terreno de la toxicología, el profesor Jairo Téllez de la Universidad Nacional de Bogotá. De entrada, nos dice que si la prioridad es defender la vida, es primordial atacar la sobredosis por encima de la adicción.

En el tema de adicción, el profesor nos cuenta que no es un tema lineal que trata a todo el mundo por igual, toda vez que en el proceso de tránsito de la droga por el organismo, habrán diferentes factores que incidirán sobre adicción. Esto es, que existen ciertas predisposiciones genéticas (o polimorfismos genéticos) que dificultarán o facilitarán que las sustancias lleguen al cerebro (hipocampo). Cuando las sustancias llegan en mayor cantidad al cerebro, éste demandará más placer que sólo encontrará en el uso de esta sustancia, configurando la adicción.

Sobre estas predisposiciones genéticas, nos cuenta que se están adelantando estudios donde se ha encontrado, por ejemplo, que en gran parte de los códigos genéticos de los americanos hay unos receptores cerebrales “que les gusta la mariguana”. Mientras que códigos genéticos orientales pueden presentar menos resistencia al alcohol. Estas predisposiciones dependen de diferentes formaciones genéticas poblacionales y se desarrollan a través de generaciones, por lo que no es algo que se fortalecerá con consumir más cantidades.

Finalmente, el profesor Téllez nos cuenta que, con el avance científico actual, es posible crear cualquier tipo de droga en los laboratorios de manera sintética, las cuales tienen la posibilidad de “copiar” cualquier principio activo existente en las plantas. Esto lograría que, en el largo plazo, desaparezcan las drogas provenientes de la naturaleza. Sobre esto, nos cuenta que inclusive se puede llegar al punto de crear drogas que causen menos adicción, menos daño, pero manteniendo altos grados de placer. Sin embargo, aclara que para lograr esto se necesitan “patrones blancos”, los cuales son la base para producir cualquier tipo de droga. Estos patrones están regulados mundialmente, restringiendo su uso a grandes industrias farmacéuticas.

Con estas premisas podemos entrar a escenarios políticos cambiantes, donde se debe enfrentar la carga moral que tiene este tema cuando no se analiza científicamente. Al permitirse el presidente Santos relativizar el problema de las drogas como un asunto de contexto de la legislación internacional, se tendría que dar espacio a que el consumo no es un asunto de blanco y negro, sino de grados y cantidades, donde el código deja de ser lo bueno y lo malo, para pasar a ser un tema de abuso y auto-control.