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Miércoles Noviembre 26, 2014

Cuentan que en una visita del presidente Calvin Coolidge y su esposa Grace a una granja avícola ella observó un gallo que no paraba de copular. Discretamente le preguntó al anfitrión:

- ¿Ese gallo lo hace todo el día?

- Sí,  Sra Coolidge

- ¿Todos los días?

- Así es

- Por favor, cuéntele eso a mi esposo

El granjero se acercó a Coolidge para transmitirle el mensaje y este reviró:

- ¿Y el gallo lo hace siempre con la misma gallina?

- No, Presidente, siempre es con una distinta

- Por favor, cuéntele eso a mi esposa

De esta anécdota salió el nombre, efecto Coolidge, para la capacidad de los machos de muchas especies de multiplicar su potencia sexual, de renovar sus energías siempre que el siguiente polvo sea con una hembra distinta. Los ratones han sido los afortunados elegidos para estudiar en el laboratorio esta fuerte vocación de los machos por la variedad. Se ha encontrado que si al reponer sus energías para otra cópula con la misma ratica necesitan un tiempo significativo y creciente, al cambiarle las hembras la recarga de energía sexual es casi inmediata. La explicación más aceptada para este efecto es la búsqueda instintiva de diversidad genética en la descendencia. El equivalente al lema financiero de no poner los huevos en la misma canasta es no echarse los polvos con la misma hembra. Los ganaderos lo saben: uno sirve para todas. 

Cualquier mujer interesada por la sexualidad masculina –la real, no la utópica- debe tomar en serio a Coolidge. Se ahorrará resentimiento, inocuos “yo nunca haría eso”, desacertados "¿es que ya no me quieres?" e infructuosas cacerías de culpables. Si le ofenden las comparaciones con animales, puede leer historias de mafiosos, de tiranos o magnates, homo sapiens que corroboran el efecto y nos representan bien a todos: el poder tumba restricciones y hace asomar a don Calvin. Los vecinos de Narcorama cuentan historias que los expertos del sexo con ratones encontrarían familiares. Incluso antes del Viagra, déspotas septuagenarios, multimillonarios o artistas famosos demostraron el potencial de un abanico de mujeres.

Varias peculiaridades de la sexualidad masculina -hacerlo con extraños, mayor infidelidad, pensar siempre en eso, despedir la soltería, afición al porno, acoso sexual o visitas al burdel- se explican con este efecto. Incluso la violencia de pareja es a menudo una secuela del Coolidge: algún macho mujeriego y celoso que supone tener derecho a varias mujeres, no soporta que una de ellas desafíe esa prerrogativa y la agrede.

Sería un error insinuar que los mafiosos inventaron la promiscuidad, o que trajeron a Coolidge al país. Simplemente integran, con los hacendados que ejercían el derecho de pernada, algunos políticos y cacaos discretamente promiscuos, el exclusivo club de compatriotas que hicieron efectiva esa vocación latente en todos los machos, ese afán obsesivo por tener muchas, muchas mujeres.

Es por Coolidge que al novio o esposo se le van los ojos con un cuerpo femenino en la calle, que le gusta leer reportajes entre fotos de senos, que habla tanto de sexo y que se pega sus escapadas reales o por la red. Entre señores normalitos ya existen los que prefieren muchas féminas virtuales a una sóla mujer real. Así de poderoso es Coolidge, como un presidente gringo.

Pocos lo logran, pero todos los machos, desde los ratones, quisiéramos nuestro propio harem. Por eso es desatinado e injusto que después de renunciar a tenerlo, de conformarnos con la menos excitante monogamia, dejando la diversidad para los sueños, los chistes, las revistas, los videos o internet, nos acusen de haber instaurado el matrimonio para someter a una mujer a que nos lave los calzoncillos.

Los esponsales se instituyeron para apaciguar la manía por renovar pareja -del esposo y sus congéneres- evitar el consecuente desorden, y para que el macho alfa no se quedara con todas, como los toros reproductores que no se dignan repetir con la misma. También resulta irónico que quienes dominaron la tecnología para desarmar a Coolidge, siendo tan eficaces que se les fue la mano con ellos mismos, reciban tanta crítica de mujeres ingratas que no sólo los culpan de sus cuitas, sino que desconocen su aporte a la civilización de los machos. Y voltean la doctrina para proclamar que la infidelidad masculina es inevitable, pues con un gobernante tan caprichoso como Calvin alias deseo nadie puede. 

Señalar que el efecto Coolidge es natural e instintivo, adaptativo para ancestros lejanos, no implica sugerir que sea algo positivo, inmodificable y homogéneo entre varones. No es una excusa para enredos e irresponsabilidad. La capacidad de acumular grasas en el cuerpo, que en épocas remotas pudo garantizar la supervivencia, es la obesidad que hoy aqueja como afección, con distinta  severidad, a muchas personas. Si se quieren controlar esas tendencias innatas convertidas en dolencias, lo sensato es entender cómo funcionan. 

De nada sirve amargarse porque Coolidge o el exceso de apetito existen, o no están igualitariamente repartidos entre ellos y ellas. Tampoco ayuda recurrir a complejas y milenarias conspiraciones políticas. No funciona combatirlos con un mismo régimen de prohibiciones para todos pues hay desde los inmunes al trastorno hasta casos críticos que requieren terapia, pasando por los afectados leves, remediables con un susto y fuerza de voluntad. Es importante un diagnóstico doméstico pero certero que tenga en cuenta la herencia genética y financiera, el entorno, la educación, el curriculum sexual, así como los costos sobre las personas afectadas. Y no se debe descartar la posibilidad de que en los casos más complicados, para controlar el afán desmesurado por probar bizcochos, lo más eficaz pueda ser un fármaco.

Referencias

(Con un par de anotaciones sobre Coolidge femenino)

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Vie, 2011-12-16 21:27

Mauricio, hace muchísimos años leí una entrevista que le hicieron a un jeque árabe, donde la periodista criticaba precisamente el sementalismo de los árabes. La respuesta del jeque fué tajante, soberbia. Le dijo: "Mire mi querida amiga, los seres vivos machos estamos diseñados para aparear varias veces. Por esa razón Ud no ve en un corral a 20 gallina con 20 gallos, porque se matarían entre sí (los gallos); tampoco Ud ve en una finca a 10 vacas con 10 toros. Pasa idem. Y así es la naturaleza humana. Exactamente igual. La diferencia con la religión musulmana, es que Ud puede tener las esposas que pueda mantener, y eso nos impide tener más. En cambio en la cultura occidental obligan al hombre a serle fiel a una sola mujer, pero eso es en el papel. Todos sabemos como se les van los ojos y los deseos cuando le ven el trasero y las tetas a la mujer del jefe, o a las de la vecina de enfrente". Por eso- terminó el jeque- en la cultura árabe hay más honestidad.

Sáb, 2011-12-17 13:30

Un problema es que no todos los hombres son jeques. Y los jóvenes solteros que se quedan sin mujeres son como un fósforo: con cualquier disculpa inician un desorden, o una revuelta. Otra ventaja del arreglo monogámico, aún para el soberano, es haber contribuido a la pacificación. Y a la democratización de la paternidad.

Vie, 2011-12-16 04:39

NO MAS PROMESAS DE FIDELIDAD MUTUAS

hace unos anos, cuando salía con uno de esos sementales de comportamiento parecido a un ratón (decir que es presidenciable o coolidgenesco es honrarlo) y me propuso matrimonio lo acepte solo con una condición: sacábamos de las promesas matrimoniales la de fidelidad mutua. Ni yo lo esperaba ni lo exigía de el pero misma cosa conmigo, tampoco la ofrecía. Cuando le salí con esas, fue la tragedia... llanto y crujir de dientes... como iba el a casarse con una mujer que no le prometía ser fiel... ja, ja, ja... y pretendía que yo me casara con el que prometía algo que seguro no iba a ser capaz de cumplir. Creo que Carmen ha dado en el clavo. Si los hombres insisten en portarse como animales sin conciencia las mujeres debemos usar la nuestra para aparearnos con quien se nos antoja, sin expectativas de fidelidad mutuas.

Vie, 2011-12-16 06:08

Más que razonable haber tanteado qué tan factible era la reciprocidad de la promesa de fidelidad. El susodicho se acerca bastante a la definición más simple y poderosa de machista: derechos asimétricos de cuernos. Él puede, ella no.
Me quedan dos inquietudes ante su comentario:
1) Siendo tan fácil "aparearnos con quien se nos antoja", ¿por qué tan pocas mujeres lo hacen?
2) ¿Cómo se maneja, o se adapta el lema en las épocas de embarazo y crianza?

Mar, 2011-12-13 19:53

Lo único que puedo decir es que esta genial esta columna.

Mié, 2011-12-14 08:00

Gracias. Tranquiliza pasar el filtro CLG

Mar, 2011-12-13 14:50

Aunque nos duela, aunque nos creamos monógamas, aunque la religión y la sociedad impongan leyes... no hay fidelidad. Estamos sometidas a las leyes de la naturaleza, al Código genético.
Lo que si podemos hacer es escoger muy bién a los padres de nuestros hijos, establecer condiciones que los obliguen a responder por las crías que lleguen,
aunque nos llamen "Interesadas". Al fin y al cabo a ellos les gusta hacer negocios, pues hagamos nosotras el negocio de asegurar el futuro de los descendientes y llámenos como quieran, a cambio, no molestaremos exigiendo fidelidad y tendremos la oportunidad de conocer más y mejores cementales.

Mar, 2011-12-13 18:26

No se dice "CEMENTALES" se dice "SEMENTALES"..

Mar, 2011-12-13 15:19

Totalmente de acuerdo con que toca, ante todo, velar por el bienestar de los hijos y exigir ese apoyo. Pero no hay por qué ser tan derrotista. La fidelidad masculina se puede lograr. Coolidge es fuerte pero no invencible. También para el apareamiento duradero hay mucha hormona que ayuda.
La historia de Warren Beatty es esperanzadora. Pasó de una distinta cada día a la misma para el resto de su vida.
http://www.dailymail.co.uk/tvshowbiz/article-1240361/Warren-Beattys-12-7...
Eso es mucho más razonable que San Agustín, que saltó de la promiscuidad a la castidad tardía y mística.
El lío de los "más y mejores sementales" es que se repetirá la faena con don Calvin, con probables daños colaterales.

Mar, 2011-12-13 14:40

Esperemos que nuestras mujeres se cultiven en el conocimiento del hombre y logren aceptar que no existe la fidelidad. Que aprendan a cuidarse muy bien si quieren disfrutar. Y que encuentren los métodos legales y estratégicos para que los padres de sus hijos respondan por la crianza de los retoños. De lo contrario seguiremos en la historia de siempre: Creemos en cuentos de hadas, esperamos mucho más de lo que encontramos y nos toca SOLAS o con la ayuda de nuestra familia o con interminables guerras para lograr sacar adelante los críos.

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