Por Lucas Ospina · 06 de Julio de 2009

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1.

Al escribir las palabras “Ingrid” y “video” en un buscador de internet los primeros resultados, entre millones, dan cuenta de tres videos. Uno es el video que enviaron las FARC como prueba de supervivencia de Ingrid Betancourt en noviembre de 2007; otro corresponde a las imágenes de Ingrid Betancourt luego de ser liberada por el Ejercito Nacional de Colombia en julio de 2008 y el último se titula “video de violación de Ingrid Betancourt”.

El primer video fue descrito por Antonio Caballero como “una obra de arte involuntaria por parte de su autor material, el esbirro de las Farc que maneja la cámara; arte bruto, habría que llamar a eso: arte sin conciencia. Y arte consciente por parte de la protagonista. Una obra de arte firmada por la voluntad de Íngrid Betancourt.”

El segundo video recoge imágenes relacionadas con la operación Jaque, ese “rescate cinematográfico” como calificaron políticos, militares y publireporteros la liberación de 15 secuestrados.

El tercer video ha circulado recientemente y muestra escenas hombres con prendas militares violando de todas las formas posibles a una mujer; en los foros que acompañan el enlace para descargar el video, varios comentaristas expertos en la materia han observado con atención la filmación y emitido un juicio unánime: la protagonista no es Ingrid Betancourt. Afirman que el video está hecho con la cámara de un celular pero que el foco de iluminación, propio de una producción profesional, le resta espontaneidad a lo que debería ser un salvaje acto guerrillero; dicen que la mujer violada tiene el pubis rapado, usa zapatos de tacón y que a pesar de sus gemidos de molestia no opone la suficiente resistencia; cuentan que los violadores tienen un fenotipo más nórdico que colombiano (alguien dice que parecen más jefes paramilitares que miembros de las FARC); observan que los uniformados están enmascarados con máscaras de gas y usan cascos metálicos tipo nazi, a esto se suma música de Wagner de fondo, todo parece ocurrir en una casa abandonada, no en la selva; en una breve toma aparece un plato con frutas rodeado de velas. Es tan abundante la producción de videos pornográficos que encontrar una escena donde haya uniformados, alguien parecido a Ingrid Betancourt y una escena de violación, es más probable que improbable, lo que sigue es darle un nombre provocativo a este “objeto encontrado” y ponerlo a circular. Como último dato alguien señala que el video muestra una dirección de Internet permanente en la parte inferior que promociona la visita a un portal de pornografía, el documento es un infomercial.

2.
Al escribir las palabras “gonzález”, “izquierdo” y “carta” en un buscador de Internet los primeros resultados, entre miles, dan cuenta de dos acciones hechas por artistas.

La primera acción es la exposición “Carta Furtiva” de Beatriz González. En ella hay una serie de obras inspiradas en una foto de la líder Yolanda Izquierdo que desde la Organización Popular de Vivienda en el Departamento de Córdoba intentó devolverle a familias de desplazados las tierras que les fueron quitadas por la reforma agraria paramilitar. Izquierdo fue asesinada el miércoles 31 de enero de 2007 (los días 25, 26, 29 y 30 de ese mes asistió a la Fiscalía para pedir protección). La imagen de referencia que usó el periódico el día de su muerte llamó la atención de González, la líder aparece mirando a la cámara sosteniendo con ambas manos un mapa extendido que señala las tierras expropiadas; González hizo un dibujo de la imagen y meses después lo puso a circular en una página entera del periódico El Tiempo con una leyenda que pedía a los interesados actuar sobre la imagen y enviar muestras de la intervención. Un envío llamó su atención, era una carta de una lavandera que contaba como le había rezado a la imagen de Izquierdo y le escribía a González para pagar por los favores recibidos: “Beatris, esta es mi promesa de agradecerle a Yolanda con toda mi alma (...) pense que tu podrias llevarle mi mensaje adonde quiera que este porque le di mi palabra”. Este encuentro transformó algunas de las pinturas y dibujos que hizo González para la exposición: “Los volví más sombras. Empecé a hacer énfasis en apariciones, los volví más religiosos pues quería resaltar el icono. Este personaje que ahora tiene también un halo de santa”.

La segunda acción es narrada en la sección de “Cultura y ocio” del periódico El Tiempo y en ella un artista, Simón Hosie, afirma ser el autor de la “carta furtiva”, esa pieza de literatura salpicón de analfabetismo procáz, manierismo sensiblero, torpeza calculada, formalizada en un papel raído con una cuidadosa microescritura prescolar. Según el periódico, el artista afirma: "Lo que hice es un poco atrevido e irresponsable. Beatriz planeó lanzar su obra por un medio de comunicación a todos los colombianos. Yo hice un esfuerzo en asumir su mensaje y eso no desvirtúa su obra, sino que la complementa".

3.
“El poder consiste en la posibilidad de definir lo que es real. La definición de la realidad es una construcción política.” La frase se atribuye al documentalista estadounidense, Robert Kramer, experto en imágenes que trabaja en un género que cabalga entre la realidad y la ficción. A la luz del problema del poder la inquietud sobre lo que es mentira o es verdad pasa a segundo plano y lo que cobra relevancia es la fuerza que tiene un actor para en un momento dado llegar a “definir lo que es real”: Ingrid Betancourt luego de 6 años de cautiverio aprovecha una ventana de comunicación para actuar en el rol de político canjeable que se abstiene a hablar o siquiera mirar a la cámara; los miembros del comando de rescate de la operación Jaque se arman con los gestos y atuendos de periodistas, miembros de ONG y funcionarios de la Cruz Roja para usar, por fin, la inteligencia militar (la misma malicia indígena había sido usada en el 2002 por un comando guerrillero que actuando como cuerpo militar del ejercito colombiano se internó en la ciudad de Cali y sin sufrir bajas secuestró a 12 diputados de la Asamblea Departamental del Valle); un portal de Internet aprovecha los sentimientos ambiguos que despierta un icono en exilio y usa su nombre para promocionar una dirección de Internet. Todas estas construcciones tienen una finalidad precisa; políticos, militares y publicistas usan la imagen para definir lo que es real.

Pero, ¿y los artistas? Es claro que los artistas han perdido el monopolio para producir las imágenes que alimentan a la sociedad. Este desplazamiento genera ansiedad, toda cultura que ha perdido algo se obsesiona por recuperarlo: en un intento por recuperar la figura del artista y devolverle al arte la hegemonía para producir iconos, una mitología cotidiana clama por el artista como héroe. En el caso de la imagen hecha por Beatriz González y la carta apócrifa de la lavandera el encuentro sirvió para devolverle al arte el poder de canonizar: un artista hace una imagen de una mártir, alguien de origen humilde le reza a esa imagen, ergo se produce un milagro que religa arte, vida y sociedad. Los espectadores de este alumbramiento vimos como en un periodo de un año la estampita pasó de lo estético a lo místico. Y ahora, al igual que el icono de Ingrid Betancourt, donde la esfinge habló y perdió su poder de encantamiento, la carta, al revelarse como ficticia, desmitificó el milagro. La jugada de Hosie es afín a la ética del arte: decir verdades con mentiras, bellas mentiras que se revelan como tal. Es ahí donde el político, el militar, el cura o el publicista no pueden actuar, el cinismo es un lujo que no se pueden dar (aunque la mayoría se tome la licencia).

Pero la fuerza del arte consiste en no definir lo que es real; definir la realidad es ser parte de una construcción política, ser rito, celebración, propaganda, mensaje, abandonar la inteligencia oscilante y crítica que hace del arte una experiencia singular. Por supuesto, esta condición escéptica que el arte potencia es casi imposible de mantener, y cuando Hosie se convierte en un “boy-scout” del arte social e insiste que su gesto “complementa” la obra de González, le añade a su tragicómico acto inicial un ornamento culposo; y como si esto fuera poco, el artista, como arquitecto sensible, le construye un monumento a su asistencialismo estético: erige una casita de lavandera en la mitad de la plaza de Bolívar, frente al Palacio de Justicia, quiere ayudar a la sociedad colombiana a encontrar su identidad… una perorata propia de políticos, militantes, curas y publicistas.

4.
El cierre de esta tragicomedia es la escenificación de un pequeño diálogo escrito por Oscar Wilde que muestra el modo de actuar del arte, sus hermosas mentiras:

“Cyril—¿De qué se trata?
Vivián—Pienso titularlo: La decadencia de la mentira.
Cyril—¡La mentira! Yo creí que nuestros políticos practicaban esa costumbre.
Vivián—Le aseguro que no. No se elevan jamás sobre el nivel del hecho falso y se prestan a probar, a discutir, a argumentar. ¡Qué diferencia con el carácter verdadero mentiroso, con sus palabras leales y valientes, su soberbia irresponsabilidad, su desprecio natural y sano hacia toda prueba! Después de todo, ¿qué es una hermosa mentira? Pues sencillamente la que es evidente por si misma.”

—Lucas Ospina

Comentarios (2)

Theudis

08 de Julio

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Gracias por la informacion. Esta muy bien documentada.

Gracias por la informacion. Esta muy bien documentada.

harry p

08 de Julio

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Decir verdades con mentiras, esta hermosa lógica del arte. Que nadie la confunda con decir mentiras con mentiras, por ejmplo, cuando se dice: "este g...+ ver más

Decir verdades con mentiras, esta hermosa lógica del arte. Que nadie la confunda con decir mentiras con mentiras, por ejmplo, cuando se dice: "este gobierno no soborna, persuade" "agro, ingreso seguro" "seguridad democrática" y otros tantos eufemismos...

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