Por Lucas Ospina · 18 de Abril de 2010

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En El Gran Dictador, Charles Chaplin, director y actor principal, interpreta dos papeles: a un barbero judío en el ghetto de la ficticia Tomaína y a Adenoid Hynkel, el dictador de esa nación. Los dos hombres, opuestos en ideología pero de simétrica proyección, en una cómica cadena de errores, cambian papeles hacia el final de esta parodia sobre Adolfo Hitler. La película, financiada por Chaplin, es una fábula con moraleja sobre el totalitarismo y fue estrenada el mismo año que se declaró la Segunda Guerra Mundial.

En la Guía de cine del pervertido, el documental en que el filósofo y psicoanalista Slavoj Žižek quiere ver la realidad que hay “en” la ilusión cinematográfica —no “detrás” de la ilusión—, el narrador se detiene en algunas escenas de El Gran Dictador. Habla de la actuación, de los gestos, de la voz, de la música. Dice Žižek: “El problema de la película no es sólo el problema político —cómo librarse del totalitarismo, de su poder seductor—, sino que también hay problema más formal: ¿cómo liberarse de esta dimensión terrible de la voz". Luego el narrador corta a la película. La imagen muestra a Chaplin, como dictador, en primer plano, con su gran gorra militar, su uniforme y sus insignias. Ante un micrófono da un discurso que es reproducido por altavoces instalados en cada esquina de la ciudad, un consejo comunal mediático donde lo único que se entiende es una jeringonza gritona que remeda el ritmo brutal de una arenga germánica de odio, vanidad y prepotencia.

Žižek retoma: “O, ya que no podemos liberarnos de la voz, podemos ver cómo domesticarla, cómo transformar esta voz en la forma de expresar amor, humanidad y demás… ”

Se ve a Chaplin como barbero judío disfrazado de dictador, personifica al falso Führer de la raza aria listo a oficiar otra misa fascista. Comienza el discurso pero Chaplin usa un tono de voz diferente a la de los personajes que interpreta, parece que dejara de actuar y él mismo fuera quien habla: "Lo siento, pero no quiero ser emperador —ese no es mi negocio—. No quiero regir o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar en lo posible a todos, judíos, no judíos, al hombre negro, al blanco. Todos queremos ayudarnos los unos a los otros, los seres humanos son así…”

Žižek retoma:  “Ahí, por supuesto, el vagabundo da su discurso acerca de la necesidad del amor y la comprensión entre las personas… Pero hay un engaño, incluso un doble engaño…” Entonces se ve la parte final del discurso “amoroso” de Chaplin. Lo vemos emotivo, solemne, eufórico, categórico, alzando su brazo —casi extendiendo su mano abierta hacia el cielo—, y dice: “¡Soldados! En el nombre de la democracia, ¡Unámonos todos!”

Žižek añade: “las masas lo ovacionan exactamente tal como si estuvieran ovacionando a Hitler.” Vemos la cara de Chaplin algo perplejo, su silencio es elocuente, vuelve a ser un actor de cine mudo. Luego se ve la imagen de una mancha gris de gente —la película es en blanco y negro— una ola que ruge con fervor, un tsunami devoto a la voz del líder.

Žižek concluye: “La música que acompaña este gran final humanista, la overtura de la opera Lohengrin de Wagner, es la misma que escuchamos en la escena durante la cual Hitler está soñando con conquistar el mundo, en la cual juega con el globo terráqueo, donde tiene un balón en forma de planeta. La música es la misma. Esto puede leerse como la música en máximo potencial liberador… la misma música que sirve a fines malignos puede servir para hacer el bien. O, puede leerse, y así creo que debe entenderse, de una forma mucho más ambigua: con la música nunca podemos estar seguros, en tanto lo que hace es externalizar nuestras pasiones internas, la música es siempre, potencialmente, una amenaza”.


Si la vida de los colombianos fuera una película, en estos días de campaña presidencial la política sería la banda sonora de nuestras vidas. Es lo que suena por todos lados, es la “música” que sale de todo altavoz, de todo correo, de toda conversación casual o programada. Y sobre todo porque hay acción: se perfila un final dramático entre dos contendores a la presidencia, todo un peliculón.

La “música” de esta obra es un opio paradójico: dopa al individuo y nos pone a soñar en masa. Por un lado, la voz cantante de uno de los candidatos promete más guerra, altas dosis de status quo y la entronización del empresario feudal y el líder protector. Y por otro lado, el otro candidato, más profeta que promesero, nos induce a un estado próximo a la beatitud, donde la religión la encarna la constitución pero se mantiene la culpa para el ciudadano pecador, donde matamos al padre pero, con miedo adolescente, reemplazamos su figura paterna por la del profesor.

Este peliculón político es una excusa para escenificar aquello que realmente somos, seres dominados por una voz externa, títeres de una dramaturgia centrada en transacciones orgiásticas de comunicación, donde la euforia de odiar o amar a un líder o al otro es circunstancial, y lo que en realidad cuenta es entregarse a esas fuerzas poderosas de la política, ser al pertenecer a una mancha colorida, una coreografía verde, amarilla, azul, roja, arco iris, no importa el espectro de la tonalidad.

Pareciera que hay que rendirse ante esa imagen llamativa de la política en movimiento, formar parte de esa euforia colectiva, ser un soldado más de una revolución que se autoproclama como histórica y usa este llamado histérico como eslogan de reclutamiento. Tal vez por eso, el actual líder de la nación, al que muchos consideraban hace unas semanas como un Führer imprescindible que guiaría al país hacia una especie de Tercer Reich, siempre, durante sus ocho años de gobierno, se mantuvo como presidente y candidato a la presidencia, como mesías y profeta, con su "música" de pandereta autoritaria y su tuna de ministros tocando al ritmo de melodía estereo.

Más allá del amor o del odio, la verdadera emoción que rige nuestras acciones en este peliculón de la política es una sola: la ansiedad. La espera por la llegada —o la escogencia—del próximo Mesías es insufrible, todos queremos que la película tenga un final feliz. Después del ritual de las elecciones miraremos qué tanto de realidad hay “en” esta ilusión del líder de la nación y, con el desprecio que se oculta tras la admiración, le cobraremos caro sus bellas mentiras.

Tal vez todo esto no sea más que una comedia de errores: no cambia el actor, solo pasamos de un rol malo a otro peor. O tal vez pasemos de una excelente interpretación del odio a la catarsis del amor, personajes opuestos en ideas pero simétricos en el tono de la actuación. En la representación y en el teatro de la política nunca podemos estar seguros, la política es siempre, potencialmente, una amenaza…

 
Coletilla programática: se dice que el candidato Antanas Mockus está enfermo, tal vez esto es una ventaja, en caso de que sea elegido, quedaría demostrado que la gente confía en un presidente que eventualmente puede ser reemplazado; esto sería una oportunidad para mostrar que su proyecto político lo transciende como persona y que su liderazgo consiste en la libertad de cada ciudadano como individuo para votar y no en el fervor de una masa devota. Ese es el lado bueno de la "ola verde", no la purga ritual, la camándula pedagógica que nos hace sentir más santos que los santos, pero donde el rezo mojigato que propicia el ídolo es pantalla social, un placebo de bondad lleno de afectos temporales pero sin efecto permanente. Y por el lado del candidato Juan Manuel Santos, hay que atacar fuego con fuego, falso positivo con positivo falso, su “música” con otra música, al ex ministro de Defensa se le puede enviar algo de Molotov que dice así: “si le das más poder al poder más duro te van a venir a coger”.



 
 

Comentarios (11)

Tatiana Luján Ruiz

19 de Abril

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Excelente.
¿Oí mal, o en el debate de Caracol Mockus dijo que le había parecido bien la primera reelección de Uribe?

Excelente.
¿Oí mal, o en el debate de Caracol Mockus dijo que le había parecido bien la primera reelección de Uribe?

rosgori

19 de Abril

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no creo haberle escuchado ni insinuado eso

no creo haberle escuchado ni insinuado eso

Tatiana Luján Ruiz

19 de Abril

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http://www.caracoltv.com/noticias/elecciones2010/presidencia/video175648...
Mira por favor el minuto 4:22 del video.
Yo creo que fue que Mocku...+ ver más

http://www.caracoltv.com/noticias/elecciones2010/presidencia/video175648...
Mira por favor el minuto 4:22 del video.
Yo creo que fue que Mockus se equivocó, quiero seguir pensando eso, pero quedé preocupada.

Don Nacho Turing

19 de Abril

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Él cree que Uribe fue buen presidente, aunque en sus momento también le pidió que renunciara, él dice que Sí a la reelección si se hace de maner...+ ver más

Él cree que Uribe fue buen presidente, aunque en sus momento también le pidió que renunciara, él dice que Sí a la reelección si se hace de manera legal y sin afectar la democracia y el estado de derecho de una nación.

Interor

19 de Abril

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Oiste perfectamente!
De hecho ya lo habia mencionado de alguna forma
auqneu no dudo que en parte sea una forma de ganar votantes sin mentir, y...+ ver más

Oiste perfectamente!
De hecho ya lo habia mencionado de alguna forma
auqneu no dudo que en parte sea una forma de ganar votantes sin mentir, ya que el ha estado de acuerdo en simpatizar con varias politicas uribistas y en cambios al estado.
Yo la verdad no los veo.

ciudadano_de_apie

19 de Abril

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Confieso que a mi tambien me fastidia esa repetidera de frases de Mockus, da hasta un poquito de miedo... Sin embargo, el nos invita a pensar, no a se...+ ver más

Confieso que a mi tambien me fastidia esa repetidera de frases de Mockus, da hasta un poquito de miedo... Sin embargo, el nos invita a pensar, no a seguirlo incondicionalmente (estilo Uribe). Lucho ahora lo esta corrompiendo, pero Antanas nunca antes habia pedido el voto, siempre decia simplemente: vote en conciencia. Espero que Mockus no se resigne a usar metodos de persuacion de masas usados por los Uribistas, sino que persista en su invitacion a la reflexion. Creo que ahora esa uforia verde la ha permitido por el desespero que genera al ver que si tienen chance de ganar (ademas porque asi duele mas perder). Lo de la constitucion creo que es un metodo de pedagogia que si hace falta. La cultura de la ilegalidad esta demasiado enquistada en nuestra sociedad.

La Estrella Roini

19 de Abril

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Buen Día Señor Ospina
Me sorprende mucho la capacidad que tiene para relacionar cosas aparentemente sin relación, lo hizo con "el proceso" de K...+ ver más

Buen Día Señor Ospina
Me sorprende mucho la capacidad que tiene para relacionar cosas aparentemente sin relación, lo hizo con "el proceso" de Kafka y el proceso de Nicolás Castro y ahora con "El gran dictador" de Chaplin y nuestra contienda electoral
A mi me preocupa que Colombia no haya aprendido nada de estos 8 años de Gobierno Uribista, la gente creyó que Uribe era un Mesías salvador de la patria, y miren lo que pasó.
Ahora los Mesías son JMS y Mockus, de verdad porque no entienden que sólo son hombres, que tomaran buenas decisiones y malas decisiones (aunque uno quizás tome mas malas que buenas decisiones) pero solo son hombres; no van a resolver todos los problemas, hay muchas cosas que solo las cambia el pueblo, los ciudadanos, creo que esa es la revolución cultural que necesita el país.

NLM

19 de Abril

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...viene como anillo al dedo esta columna después de la ola de fanaticada que hoy se percibió por parte de ciertos foristas en la SLV tras el debate...+ ver más

...viene como anillo al dedo esta columna después de la ola de fanaticada que hoy se percibió por parte de ciertos foristas en la SLV tras el debate de ayer.Ahora bien, creo que esa "euforia colectiva" llamada "ola verde" ante la cual nos encontramos, si bien padece también de mesianismo, tiene también características de marea, de algo amorfo, de "cuerpo sin órganos", diría Deleuze, que ha disparado afectividades que no empatan con exactitud en el discurso típicamente ideologizante de "Führer". Hay algo allí no codificado. La "ola verde" ha atrapado tal disparidad de afectos, que la hace incómoda para quienes sí se ubican en polos aparentemente opuestos: el establecimiento o el antiestablecimiento, la izquierda o la derecha, el pragmatismo o la "humanidad". Esto también me parece que haría del fenómeno algo trascendente si Mockus llegara a ser presidente, la posibilidad política de esa afectividad. Obviamente si eso no sucede, sería un caso más de puro mesianismo.

mariapaula

21 de Abril

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creo que los ciudadanos y en general la sociedad colombianahemos sido los causantes de ese mesianismo en el cual nos hemos desbocado...
con la ne...+ ver más

creo que los ciudadanos y en general la sociedad colombianahemos sido los causantes de ese mesianismo en el cual nos hemos desbocado...
con la necesidad de alguien que sea capaz de tomar las riendas del país le hemos dejado a nuestros gobernantes la responsabilidad de hacer todo, todo y absolutamente todo, desde imponer un pensamiento, dictar el curso del país y decirnos que valores son los que nos identifican o deberían identificarnos.
la sociedad colombiana, en muchos sentidos pero más que todo en la arena pública y de lo político, ha perdido la capacidad de debatir ideas, contrarrestar argumentos y así mismo indicarle a sus gobernantes cual es el deseo del pueblo, hemos dejado que sean ellos los que decidan nuestro destino por miedo a ponernos al frente de ello....quizás esa música que nos agobia o enaltece en estas elecciones sea la consecuencia de la ausencia de ideas claras y contundentes de la sociedad, que se niega a tomar sus propias bandera e imponerse sus idea

Fabiancho69

22 de Abril

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Para que haya "mesianismo" se necesita que haya un Mesías que diga "yo los voy a salvar!". Ningún movimiento de esos ha nacido espontáneamente, sin...+ ver más

Para que haya "mesianismo" se necesita que haya un Mesías que diga "yo los voy a salvar!". Ningún movimiento de esos ha nacido espontáneamente, sin un cuerpo que lo encarne y tenemos fresquito el ejemplo de Uribe I y II. Comparen estos dos discursos http://www.youtube.com/watch?v=BNvripoTbJk&feature=related y este otro http://www.youtube.com/watch?v=z2TkLeInxnc Hay claras diferencias, pero la que yo considero esencial es que en las campañas de los políticos tradicionales (Uribe, Santos, Nohemí...) hay un gran YO (o NOSOTROS cuando tienen algo de recato) que dice que va a hacer cosas por todos y cada uno de nosotros los necesitados de redención. El caso de Mockus es radicalmente diferente porque el no está diciendo "yo les voy a hacer esto o aquello" sino "la sociedad, nosotros (el colectivo) EL EQUIPO, EL EQUIPO, todos debemos hacer esto y aquello; yo voy a liderar ese proceso, pero lo tenemos que hacer todos". De manera que la tal construcción mesiánica que quieren atribuirle a (cont)

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