Por César Caballero · 08 de Abril de 2013

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El gobierno se equivoca si confunde su coalición con la Alianza para la Paz. La primera se basa en la Unidad Nacional y tiene como sus pilares a los partidos Liberal, de la U, Conservador, Cambio Radical y a los Verdes. Su propósito es asegurar la gobernabilidad, impulsar las grandes reformas que el país necesita en esta coyuntura y extender, o al menos intentarlo, su mandato por otros cuatro años.

En contraste, la Alianza para la Paz es, o debería ser, mucho más amplia y fundamentarse en una identidad de propósitos de largo plazo. En ella deben y podrían converger otros partidos como el Polo y fuerzas como los Progresistas y la Marcha Patriótica que, si bien no hacen parte de la Unidad Nacional, no tienen por qué ser excluidos de esta alianza. Aquí la presencia del ex presidente Pastrana es importante y debería poder reconstruirse. Otros ex presidentes, la iglesia y diversos movimientos sociales también deben ser invitados; su presencia debería ser facilitada.

Algunos miembros de la coalición de gobierno no están cómodos con la forma como se desarrolla el proceso y con seguridad no todas las medidas de un posible acuerdo de paz contarán con su respaldo. El gobierno tiene la responsabilidad de no estigmatizarlos, de aceptar las voces críticas y de distinguir los procesos y urgencias de corto plazo con el propósito más estructural y de largo aliento: lograr en esta generación una sociedad en paz.

 

 

 

 

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