Por César Caballero · 17 de Julio de 2012

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Cercano a cumplir dos años de su mandado, el Presidente Santos debería pensar en ajustar su gabinete. Varias razones lo justifican:

Primero, la coyuntura política está mostrando las limitaciones de la unidad nacional, y los retos de los dos siguientes años demandan un esquema distinto. Algunas fuerzas de derecha han abierto sus cartas y buscan presentarle al país una propuesta política por fuera de la Unidad Nacional. Hay funcionarios públicos en altos cargos de representación política y dirección del Estado vinculados programáticamente a estas fuerzas.

Segundo, la debacle de la reforma a la justicia no puede ser vista como un mero incidente superado con la salida de Esguerra. Esta fue un área donde el gobierno se empeñó durante dos años e hizo caso omiso a casi todas las advertencias que se le realizaron. Sólo a última hora, cuando estalló la crisis, reaccionó. Su credibilidad para liderar la discusión de este tipo de transformaciones quedó minada.

Tercero, seguir argumentando que los problemas son de percepción y de comunicación es necio. Colombia Humanitaria fue muy lenta en su ejecución, los recursos de regalías siguen paralizados en una cuenta del tesoro, la ejecución de obras públicas es lenta. Se necesita acelerar la ejecución y mostrar resultados.

Finalmente, el gabinete ha perdido identidad y peso político propio. No está marcando la agenda y se ve reactivo en casi todos los frentes. Tienen baja representación tanto regional como política. La capacidad técnica no es suficiente para este momento: se requiere identidad política, peso propio y representación para retomar la iniciativa y enfrentar los coletazos de la crisis internacional y la desaceleración de la economía, los problemas en orden público y seguridad urbana, y la declarada oposición de la extrema derecha.

Sin cuestionar sus cualidades profesionales y el hecho de ser buenas personas, sugiero pensar en ajustes en, al menos, cuatro carteras:

 

  • - Defensa: un buen profesional que no parece estar liderando el ministerio sino tramitando los mensajes de los militares.
  • - Educación: después del fracaso de la reforma a la educación superior se quedó sin aire y sin agenda.
  • - Cultura: ¿ya se posesionó?
  • - Y finalmente, Interior: en mi memoria nunca un ministro de esta cartera había sido abucheado por los parlamentarios y se le había impedido hablar en la plenaria: su trabajo es ser la voz del gobierno ante el Congreso y, claramente, no es la persona adecuada.

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