Miércoles Abril 23, 2014

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Malinche sobre hielo

La canción “Maldición de Malinche” cantada por Amparo Ochoa y Gabino Palomares nos reta con sus versos: “Se nos quedó el maleficio/ de brindar al extranjero/ nuestra fe nuestra cultura/ nuestro pan nuestro dinero. Hoy les seguimos cambiando/ oro por cuentas de vidrios/ y damos nuestra riquezas/ por sus espejos con brillos”

Como parte del Festival Navideño, alcaldes y empresas privadas sumaron esfuerzos y ofrecieron entretenimiento de primer mundo al instalar una pista de hielo que hizo soñar a pequeños y grandes haciendo realidad algo visto únicamente en televisión. Las risas iban y venían. Para los primerizos, el ejercicio no fue de las piernas sino de los bíceps pues el patinaje consistió en trasladarse paso a paso sujetándose de la barra lateral, observando con atención a los pocos que con más audacia se movían al derecho y revés sobre el hielo artificial.

En El Salvador cobraban 9 dólares los 25 minutos, obteniendo un descuento si pagaban con una tarjeta, y en Guatemala los 40 minutos sobre la pista y el uso del tobogán eran gratuitos, incluso autoridades de la municipalidad llegaron a las iglesias a regalar brazaletes para que personas de todas edades disfrutaran del nuevo entretenimiento que no estaba incluido en el “Oxlajuj B´aktun comercial” anunciado con menos intensidad.

Según los medios locales, el hecho de que ambos países tercermundistas tengan por menos de 20 días una pista de hielo, es suficiente para que escriban en los titulares que la región se está superando y que los habitantes pueden tener algo memorable durante el fin de año.

¿Qué es memorable?

No se desprecia la alegría y emoción de los paisanos pero vale la pena preguntarse y cuestionarse sobre el mensaje que recibimos con asombro y mucho agrado por este tipo de entretenimiento.

Memorable sería vivir durante todo el año con alegría y tranquilidad, y no esperar que venga diversión ajena a nuestra vida común y corriente para que nuestro fin de año sea especial. A esto se le suma la forma de entretenimiento que nos imponen, en el cual sino pagamos por un ambiente tranquilo y relajado, no podemos disfrutar con los amigos. ¿El otro año será gratuito el uso de la pista de hielo en Guate? ¿En el Salvador cobrarán más?

Es decir, para que nuestra diversión valga la pena, tenemos que salir de nuestra cotidianeidad y esperar vacaciones, pues los trabajos con horarios voraces no nos dejan disfrutar con nuestra familia, y el hecho de buscar lugares que incluyen en el boleto de entrada vigilantes armados, indica que nuestra vida diaria está minada por la violencia y temor que no nos dejan celebrar en nuestro barrio

¿Somos alienados?

La respuesta se impone y queda evidenciada con la pista sobre hielo en el centro comercial y en el parque central.

Definitivamente no podemos desaprobar rotundamente dicha iniciativa del entretenimiento sobre hielo, pues la mayoría hemos comprado en Mcdonalds o en Starbucks. Además, es innegable que la mayoría vio con agrado e ilusión tener una experiencia nueva de primer mundo. Pero no se puede dejar pasar el hecho de que nos vislumbre nuevamente una actividad ajena a nuestro diario vivir, obligando a la Malinche a extender su maleficio al hielo. Queda claro que la culpa del engaño no es de los patines ni de la pista, sino de los que llegan a intercambiar sus sonrisas e ilusiones por el reflejo del hielo.

©Francisco Díaz