Jueves Abril 24, 2014

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LA PERVERSA DISOCIACIÓN SANTISTA

El presidente Juan Manuel Santos escogió la Escuela Militar ‘José María Córdoba’ como escenario para tratar de sembrar la semilla de la discordia entre los militares activos y quienes conforman la Reserva Activa de Colombia, como gallardamente lo han denunciado las organizaciones que los agrupan .

Los oficiales, suboficiales, soldados e infantes de marina pertenecientes al Cuerpo de Generales y Almirantes en Retiro, a la Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro (ACORE), a la Asociación Colombiana de Suboficiales en Retiro (ACOLSURE) y a la Asociación Colombiana de Soldados e Infantes de Marina Profesionales en Retiro (ACOSIPAR), rechazaron enfáticamente lo expresado por el presidente en su intervención del día 12 de los corrientes en la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova, al afirmar categóricamente que “algunos militares retirados han criticado su actitud de ofrecer la posibilidad de paz”, a la cual, supuestamente y bajo ninguna circunstancia, “se le debe tener miedo”.

Esta afirmación, hecha a las tropas en una importante ceremonia militar, particularmente, por quien funge como Comandante en Jefe, constituye una aseveración temeraria, sorprendente e inadmisible, al querer disociar a las reservas activas con quienes en el momento actual portan las armas de la República para su defensa. En tal circunstancia, las reservas, como la mayoría de los ciudadanos, ven con preocupación y profundo malestar la inexplicable actitud, de quien nunca imaginaron fuera capaz de enviar tan censurable y ofensivo mensaje.

El presidente está convencido por sus oportunistas áulicos, que su elección lo reviste de poderes omnímodos que nadie puede osar criticar; que el haber traicionado el mandato popular entregado por el pueblo colombiano debe ser visto como una conducta que debe ser aceptada sin cuestionamientos; Santos de verdad cree que favorecer generosa y excesivamente a las narcoguerrillas, por encima del sentimiento de la sociedad y sus instituciones, va a conducirlo a la paz y podrá por fin ubicarse en los anales de la historia nacional, ser candidato a un Nobel de Paz, algo que no alcanzaron Belisario, Samper o Pastrana, con sus políticas entreguistas y claudicantes ante los narcoterroristas.

Le ha dolido que sean precisamente los miembros de la Reserva Activa colombiana, los hombres y mujeres que sirvieron con honor a la Patria, quienes hayan cuestionado tan abierta y sinceramente su aberrante marco para la paz, que no es otra cosa que el catálogo de entrega del país a los criminales que durante 50 años han sometido al país a una orgía de sangre y de dolor.

No es miedo a la paz, han dicho las reservas; es temor ante todo lo que inexplicablemente se ofrece dentro del llamado marco para la paz, en cuanto a impunidad y oportunidad para algunos de estos terroristas, que les permitirá ocupar posiciones de gobierno o en cuerpos colegiados, sin castigo, sin verdad y sin ningún tipo de reparación, no obstante haber sembrado de sangre, miseria y horror, los campos colombianos. Al ofrecer todo este tipo de ventajas, se les estaría entregando importantes cuotas de poder que jamás hubieran alcanzado, a través de su lucha armada.

Si esto llegara a ocurrir, nuestras tropas, como defensoras legítimas del país y de sus instituciones, no sería extraño que pudieran terminar en las cárceles, respondiendo injustamente por actuaciones derivadas del cumplimiento de su deber constitucional; esa es la experiencia innegable que se ha vivido en varios países latinoamericanos donde los antiguos bandidos asumieron el poder.

En lugar de preocuparse por la ausencia de marcos constitucionales y legales que garanticen los derechos de los militares, el presidente Santos ahora se ocupa de llamarlos cobardes al decirles que tienen miedo a la paz; esa es una conducta deshonrosa contra los miles de militares y policías que han ofrendado su vida y su integridad por el país y el pueblo colombiano en los 50 años de violencia comunista.