Por Toni Celia · 30 de Marzo de 2017

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Segunda parte:

    En la primera parte, el Ratapiano nos dejó colgados en una nebulosa social llena de efemérides fantásticas. El Ratapiano vive de sus aventuras y mi paso por su mundo no estuvo exento de ellas; casi como un proxy, me vi sumergido en su mundo y en su lenguaje…

El Ratapiano, Mago de los efectos

Podríamos darles toda la información para que la repliquen y hablen con propiedad del contexto, pero nunca podrán describir a qué sabía el recinto, ni como la energía, siempre voltajosa y encendida, jugaba con los personajes del lugar dónde estaba el who’s who de la escena picotera. Aunque fallaríamos, por ejemplo, en no contarles sobre las manchas negras restregadas contra la pared del recinto mosquitos que ya no son, porque en ésta Barranquilla, ni la Rata se aguanta los mosquitos. Nadie se aguanta los mosquitos.

Tampoco se aguantan el calor. Especialmente en el sur de la ciudad, en donde la calle 30 rompe la ciudad como un relámpago de este a oeste, en dónde discotecas como Pink Panther, Afrika o La Fábrica impregnan la zona con neón y un espacio para que los traqueticos de esquina y los fleteros fugaces hagan de las suyas. “Aquí la jugada es adulta” me cuenta el Ratapiano. Por eso después del almuerzo entramos a una peluquería vecina “…porque tiene aire, papi”.

En cualquier caso, terminamos en una peluquería sin nombre, una como cualquier otra dónde los cortes oscilan entre los 4.000 pesos (para niños) y 5.000 pesos (corte de hombre y sombreado de barba). Allí nos sentamos. Al Ratapiano se le formó una especie de audiencia alrededor. Un semicírculo con: la dueña del local, una de la chicas que atiende, la hija de alguna otra y un par de amigas. Todas nos rodearon. Y ahí empezó el agite verbal...

...El disparate informativo

555, HPD 15, KR 1070, 758, SK5, DH7. Kenwood, Roland, KORG, hechizos, chinos, sin nombre, estructurados. Escaparate, Turbo, turbo fraccionado, fraccionado, torres, displays.  

Todo ese menjure de consonantes es el dictamen técnico de cómo Rafael Pertuz se convierte en el Ratapiano cuando se le encima a cualquier picó de la costa. Son instrumentos de alto y bajo calibre que permiten que el baile reviente duro y parejo. “Yo me diferencio de mis otros vales porque yo bajo vainas, traigo cosas de Estados Unidos y aquí armó vainas que de pronto nadie había pillado. Por ejemplo, una vez cogí una batería de juguete, la uní con otra y salió tremenda máquina. Y es que eso de ser diyei abarca mucho. No solamente es poner música, aunque eso es esencial, es saber cómo manejar el micrófono, como programar, como samplear y cortar y pegar. Mejor dicho, es todo una responsabilidad.”

Ese tipo de mentalidad fue lo que lo sostuvo frente el legendario picó El Skorpio por once años. Este tipo no había terminado de nacer y ya estaba reclutando samples. Se nota todavía en su forma casi infantil de jugar con los equipos. Como un pulpo el man revienta drum machines como loco, usando dedos, codos y hasta barbilla para meterle un chis o un pun a un track bien escogido que el sabe le va a llegar a la gente. Y ahí es es donde nace su acto mágico de efervescencia: sobre las máquinas que después de una sesión les debe doler hasta el circuito XYZ de tanto trajín que reciben cuando el Ratapiano se faja sobre ellos y les cae arriba así: pracutucu prá tu prá.

Y es que lleva mucho en este meneo. Si hablamos de artistas prolíficos, no busquen en otro lado, aquí se los tenemos, además enterito, vigente y a la orden por $600.000 mil pesos. “Yo tengo más de 450 éxitos en Barranquilla. ‘La Calabaza’, ‘El Mapache’, ‘El Agua’ ‘Las Palmitas’, joda, un poco.” (*disclaimer: cuando el Rata habla de “discos míos” vale aclarar que en este mundo del sampleo, el remixeo, y la reinterpretación, esos 450 discos se refieren a temas “intervenidos”, más no de su autoría. Estamos frente un estilo diferente de Dylan). “Soy un diyei creativo. ¿Qué quiere decir eso? Que uso diferentes programas pa’ cuadrar mis sonidos. Además mi Dios me dio este talento, por eso soy el diyei creativo del perreo #1 en la costa. Si te metes a Google y pones piano Barranquilla, te salgo de primerito.”

De hecho si consultan al profe Google y buscan Ratapiano, así a secas, también les va a salir de primerito. Porque el nombre lo es todo y aunque la historia de cómo llegó a ese nombre es más anticlimática de lo que uno pensaría, ese nombre es el que lo ha hecho famoso “…desde Cabo de la Vela hasta acá”, dice con orgullo. 

Le pregunto por la nueva generación del picó…

“¡Uy, no, mi hermano! Esas son de las vainas que a mi no me gustan. Yo no estoy de acuerdo con ese poco de vulgaridades en los picós de ahora. Ni con la droga. Nos han dañado la imagen, viejo. Antes tú podías ir a cinco picós en un fin de semana y todos se llenaban. Todos teníamos nuestra identidad, nuestra marca. Ahora todos se parecen. Y ese es el gran problema que está plagando la cultura picotera en Barranquilla. ‘Que chúpame esto…’ ‘que méteme lo otro…’ Bareta va y bareta viene. Eso ha matado los picós en Barranquilla, eso lo tenemos que tener clarito.”

“Ratapiano se convirtió en un ícono para los bailadores de Barranquilla”, así lo dice, y así lo comprobé. En menos de 10 metros, que fue todo lo que nos movimos del Estadero a la Peluquería, por lo menos cuatro pelás se le acercaron, afanadas y pavoneándose a tomarse fotos con el Rata, o a pedirle un autógrafo. El Rata es un ícono de vecindad, una celebridad de nicho, un perreador de especificidades. Pero, queridos ojos ajenos, se preguntarán, ¿cómo se vuelve alguien un ícono en este juego?

Aunque no hay una receta específica, estos pasos tal vez les puedan ayudar:

-Primero, tomar una buena dosis de confianza todas las mañanas y crecer en una familia picotera, o en su defecto, en un barrio picotero como Rébolo, Soledad, Barlovento, Las Málvinas, La Chinita, La Paz o Malámbo, dónde todos los días te revienten a buena música. (Debemos hacer la salvedad que en Barranquilla, por años de años, se decidía que era un éxito a nivel nacional y que no. Si suena en picó, no se equivoquen, es porque es bueno.)

-Segundo, estar empapado de la cultura picotera: desde cargar bafles, aprender de los diferentes estilos de picós, ir a cuánto picó haya, hasta entender el mecanismo de programar música y curar una selección rompecabeza.

-Tercero, tener bien claro tu concepto como artista. Saber cual es tu “vacile efectivo”, dice El Rata. Qué funciona y qué no. Ser claro. Ser elegante. Dress the part. Creerte el cuento tú primero, para que después los otros te lo crean.

-Cuarto, tocar con muchos picós, por ejemplo como el Ratapiano, “con el Moreno cuatro veces, con el Fidel cinco veces, y con el Skorpion once años.”

-Quinto, “tener noción de la música, para saber que va a llegar a los corazones. Primero te tiene que gustar a ti. Y eso mi hermanito, es de sangre.” (Remitirse al primer punto para reforzar el concepto).

Sexto: No pretender. El Ratapiano es un autentico él. Conoce tu lugar dentro de ese mundo y asumirlo. Asumir la responsabilidad de ser diyei.

Séptimo: Desarrollar una buena capa de callosidad en las manos por manejar tanto equipo.

-Octavo: Usar gafas oscuras incluso en un lugar cerrado. Peinarse bien. “A mi me gusta el Cartagenero porque es sencillo. Yo allá me puedo montar en un bus en chancla y bermuda y no pasa nada. Aquí me toca andar con el pelito bien, la camisetica bien, porque si me subo en chancla, piensan que soy otro tipo de rata. (RISAS)”. Bueno, eso. Pilas.

Si siguen estos ocho pasos y los repiten varias veces por semana, lo más seguro es que NO vayan a ser tan famosos como el Rata ni vayan a tener las habilidades que tiene el Rata para zumbar pito y samples sobre una pista. Incluso si repiten esos ocho pasos y no tienen noción de música, van a quedar como unos auténticos idiotas. De hecho, ¿saben qué? No sigan esos ocho pasos, olvídenlos. Eso sólo le sirve a alguien que nació incrustado en esa cruz. No hay remedio para el hipo. Eso viene y se quita solo, y a alguien como el Rata, nunca se le va a quitar.

¿Recuerdan el concepto de FUBU? For us and by us. Es lo mismo. Esta escena, lo que está sucediendo y lo que están logrando con el corta & pega en Barranquilla, es reminiscente de lo que pasó con el hip-hop en USA a finales de los 80. Aunque algunos querrán decir que estos son una especie de DJ Shadow o Ali Shaheed Muhammad, pero qué va. Estos son estos. Lo hacen porque les nace, porque no quieren ni saben hacer nada más. Por esto pelearán y en esto terminarán, y lo que salga de acá, ya sea a nivel local/nacional/internacional será una cosa de coyuntura, algo que tendrá que pasar, no algo planeado ni premeditado. Aquí Fernan Martinez, manager de las estrellas y las galaxias, no tendrá incidencia por ahora.

De todos modos la invitación está abierta para que se animen a dejar esta texto a un lado, se den un golpe en el pecho y digan: “Mami, ¡me voy a Barranquilla a ver al Ratapiano, el mago de los efectos!”

Durante el epílogo…

Dejando al Ratapiano en la entrada de la peluquería sin nombre, nos alejamos mientras el se despide de todo el mundo y se monta de pasajero en una moto con un amigo. Ahi nos damos cuenta: el Ratapiano termina siendo un agente más en este baobab genealógico que acapara toda la movida picotera en Barranquilla que en su auge, en los 80, contó, solamente esta ciudad, con más de 100 picós de nombre (sin contar los que cada uno armaba en su casa para sus fiestas personales).

Ahora Ratapiano se afianza como una especie de nuevo artista electrónico que lo único que trata de hacer es mantener su personalidad y peinado intacto, porque ya sabe que la movida de un diyei o programador o selector o como lo quieran llamar, abarca más que solamente un rol netamente musical.

Esto es cuestión de saber, de estar metido en la jugada y de ponerse los zapatos al revés, así manteniéndose un paso adelante, porque cuando todo el mundo hace zig, ellos hacen zag.

 

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