Por Teresita Goyeneche · 19 de Junio de 2017

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En la media Guajira, pegado a Venezuela, se encuentra el municipio más joven del departamento. Albania, el lugar que vio nacer y crecer a Oneida Pinto, acusada el 14 de junio por la Fiscalía de malversar 18.900 millones de pesos que iban destinados a actividades tendientes a reducir la mortalidad infantil en el municipio, tiene poco más de veintiséis mil habitantes y la particularidad de estar ubicado al lado de una de las minas carboníferas a cielo abierto más grandes del mundo: Cerrejón.

Albania, que antes se llamaba Calabacito –corregimiento de Maicao-, fue fundado en el año 2000 y tuvo a Pinto como alcaldesa durante dos periodos. Su madre, una mujer afro originaría del desaparecido pueblo Tabaco, fue una de las primeras desplazadas de la minería que llegó al territorio a principio de los 80.

En sus primeros años laborales se dedicó a la docencia escolar, desde donde asumió el liderazgo en una comunidad empobrecida que necesitaba voces jóvenes para pedir al Estado inversiones palpables. Acciones que reflejaran la bonanza en regalías que entraban por la extracción del carbón.

Dicen los que la conocen que Oneida se fue una a Barranquilla -cuando estudió trabajo social en la Universidad Simón Bolívar- y volvió otra, más decidida y llena de apoyos invisibles que en ese momento la catapultarían al poder.

Poco tiempo después de haber vuelto, en el 97, se hizo concejala por el municipio de Maicao como parte del partido Liberal, cargo para el que se reeligió posteriormente. En esos primeros años los lideres wayuu de la región la atendían, apoyaban sus campañas, la sentaban en la mesa y le ofrecían almuerzo, pero todo eso cambió cuando en 2003 comenzó la campaña política hacía la alcaldía de Albania.

En 2004 se convirtió en la segunda alcaldesa del municipio, cuando ya tenía más de una década como pareja de Pablo Parra, un chocoano que había llegado a principio de los 90 a Albania como policía y que a través de su labor social se ganó el cariño de la gente.

Antes de cerrar ese primer reinado, los Pinto-Parra decidieron hacer oficial su relación y dieron muestra de su compromiso con la comunidad manifestando su interés en fortalecer la unión de los hogares del municipio, organizando una boda colectiva en la que participaron 71 parejas. La ceremonia y la fiesta se financiaron con aportes de contratistas y un fondo común apoyado por la pareja y gente del pueblo que quisieron impulsar la iniciativa, como señala El Tiempo en una publicación de enero de 2008.

Este tipo de parafernalia caracterizaría las gestiones de Oneida, que más que votantes tenía fanáticos. A su casa podía llegar cualquier albanés y pedirle a la alcaldesa para el mercado, para la matricula, para el pasaje o lo que necesitara, según comentan algunos miembros de la comunidad. Como señaló La Silla Caribe en 2015, su poder era tan grande que decidió quién sería su sucesor desde 2008 hasta 2011: su escolta y conductor, Yan Keller Hernández, quien más adelante se convertiría en la pieza que terminó de desbaratar su castillo.

Cuando Oneida volvió a los comicios, ya todos en el pueblo reconocían su poder, era quien decidía los nombramientos y los contratistas públicos. Su segunda candidatura a la alcaldía la hizo por el partido Cambio Radical, compartiendo campaña con el ahora condenado a 55 años de prisión por triple homicidio, Kiko Goméz y el aval del pre candidato presidencial, Germán Vargas Lleras.

En ese entonces a Oneida la llamaban como a su pueblo, “Princesa Negra” y se vestía como civil, pero una vez cae Kiko Gómez y se abre la campaña para la gobernación del departamento, Oneida se pone por primera vez una manta wayuu y se promueve como lideresa a veces del clan Ipuana y a veces del clan Pushaina.

Pero como dice Adelaida Van Grieken, lideresa wayuu del municipio de Albania, “es muy importante para los wayuu saber de dónde vienen y dónde están enterrados sus muertos. El que diga que es wayuu debe tener su cementerio”. Fue así como Oneida falló en determinar dónde debía reposar su cadáver el día de su muerte y en dónde estaba realmente su reino.

En junio de 2016, después de haber recibido la mayor cantidad de votos que haya tenido un candidato en la historia de la Guajira y a apenas cinco meses de haber asumido su cargo, fue inhabilitada. Durante más de diez años había trabajado en un municipio que recibió más de 300 mil millones de pesos en regalías y, sin embargo, el casco urbano de Albania, aunque lleno de obras de concreto, seguía sin tener agua potable, el bien más preciado para los wayuu.

Durante sus últimas administraciones en cargos públicos se cedieron a la mina las dos únicas fuentes de agua (el arroyo Bruno y el Paradero) que tuvo la comunidad durante el verano de 2014 y 2015. El más intenso que han padecido la región desde que los más viejos recuerdan.

Los mismos asesores de Cambio Radical que antes apoyaban su gestión, se hicieron a un lado y la dejaron caer al vacío una vez Yan Keller Hernández empezó a hablar y a destapar las ollas podridas del departamento.

La pobre Oneida, que inició siendo una líder necesaria en su pueblo, se dejó llevar por las voces que le hablaban desde despachos distantes en la fría Bogotá. Su poder se convirtió en una pieza del juego de alguien más, que ahora ve con indiferencia los años que la hija de la desplazada afro y el indígena pasará en la cárcel, mientras él construye su camino hacia la Casa de Nariño.

 

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