Por Blogoeconomia · 27 de Abril de 2017

735

2

Por Andrés Zambrano y Nicolás Rodríguez Sanabria

 

La precaución se ha vuelto parte de nuestra rutina: nos revisamos constantemente los bolsillos, volteamos a mirar quién camina detrás de nosotros, llevamos los morrales sobre el pecho y no la espalda. Para nadie es un secreto que, pese a los esfuerzos de las autoridades, los altos índices de criminalidad son un flagelo del que las ciudades colombianas no se han podido librar. De hecho a finales del año pasado la Fiscalía publicó un que, entre otras cosas, anunciaba un alza del 4% en el número de noticias criminales entre el 2015 y el 2016.

El problema no parece ser cuestión de presupuesto. La seguridad suele estar entre las prioridades de las ciudades y el monto destinado a ésta tiende a aumentar cada año; tan solo en Bogotá —el principal foco de criminalidad del país— . Y aunque se han dado buenos resultados como el control de las cifras de homicidios, las tasas de criminalidad siguen tendiendo al alza.

Figura 1: Tendencia de la tasa de homicidio y hurto común por 100.000 habitantes en Colombia, 2006-2016

Fuente: Tomado del reporte del ministro de Defensa en Enero de 2017.

 

La peor faceta de esta problemática es el hurto en las calles. Pareciera que los ladrones inventan a diario nuevos e ingeniosos métodos para conseguir lo que desean: , y están entre los más recientes. El crimen ha ido evolucionando de la fuerza bruta a la astucia y es necesario que las autoridades hagan lo mismo. La Secretaría de Seguridad de Bogotá ha dado los primeros pasos con intervenciones experimentales como los , pero todavía queda un puñado de alternativas que han probado ser efectivas en diferentes partes del mundo.

Muchas de estas estrategias consisten en maniobras tan imperceptibles que a simple vista parecen inútiles. Por ejemplo, en Nara, Japón, en las aceras y en el metro de Londres al poner música clásica en las estaciones. ¿Qué explica el éxito de estas estrategias? En palabras del psicólogo John B. Watson, fundador del conductismo, se debe a que “el hombre, como los animales, se ajusta a su medio por medio del hábito. Ciertos estímulos llevan a ciertas respuestas: dados los estímulos, la respuesta se puede predecir". Es decir, es posible influenciar a los criminales por medio ciertos estímulos para que desistan de su propósito.

Ahora, es necesario aclarar que los resultados de este tipo de estrategias no tienen un sustento robusto en la mayoría de los casos, muchos no han sido estudiados rigurosamente y los datos no cuentan con un respaldo sólido. Una excepción notable son los de “ojos” que ha llevado a cabo la Universidad de Newcastle. El primero consistió en alternar cada semana el póster de una cafetería de autoservicio —donde los estudiantes debían pagar lo que consumían en una “caja de la honestidad” que nadie vigilaba— entre una imagen de flores y una de ojos, como se muestra en la figura 2. En el segundo el póster de ojos se utilizó en los parqueaderos de bicicletas, donde las tasas de robo estaban aumentando.

Ambos experimentos probaron que la imagen de los ojos vigilantes alternaba drásticamente el comportamiento de los estudiantes. En el primer caso se encontró que los estudiantes depositaban 2.76 veces más dinero en las semanas de ojos que en las semanas de flores y en el segundo se observó que los robos decayeron en un 62%. Este último caso es de particular importancia, ya que se descubrió que el crimen no había sido erradicado, solo se había movilizado: en los parqueaderos sin póster el robo de bicicletas creció un 65%.

Figura 2: Resultados del experimento de la Universidad de Newcastle

Fuente: Bateson, Nettle & Roberts, 2006.

 

Bogotá cuenta con su propio ejemplo: el exalcalde de Bogotá, Antanas Mockus, se propuso promover la cultura cívica y logró disminuir los robos contra la propiedad privada en un 50% usando políticas poco ortodoxas. Algunas de estas políticas consistieron en contratar mimos o implementar el uso de “tarjetas civiles”: unas fichas que mostraban, por un lado, la imagen de un pulgar arriba, y por el otro, un pulgar abajo, para representar la aprobación o desaprobación de las acciones de los ciudadanos. Otra de las intervenciones del exalcalde fue diseñar policías de cartón detrás del cual podía esconderse un policía real y ubicarlos en puntos estratégicos.

Los resultados obtenidos demuestran que este tipo de estrategias no ortodoxas pueden contribuir potencialmente a desestimular el crimen. Es por esto que en decidimos analizar teóricamente las consecuencias de intervenciones como la descrita anteriormente de utilizar policías de cartón y así entender el alcance que pueden tener como una estrategia complementaria al aumento de pie de fuerza. Para nuestro análisis asociamos este tipo de intervenciones a señales que proveen información ambigua de la existencia de un policía y por ende de una captura si el crimen se comete.

En esencia, este sería un juego entre la autoridad y potenciales ladrones. La autoridad mueve primero y debe tomar dos decisiones con respecto a una locación: si poner o no a un policía, y si instalar o no una señal. Los potenciales ladrones que se encuentran en esta locación observan si la autoridad instaló una señal, pero no observan si hay o no un policía tras esa señal. Con esta información deben decidir si se arriesgan a cometer un crimen o no.

Al analizar este juego, encontramos que hay cuatro escenarios posibles, cada uno con sus condiciones y restricciones:

1. La autoridad siempre instala la señal en todas partes, invariablemente.

2. La autoridad jamás instala la señal.

3. La autoridad jamás instalará la señal cuando no haya un policía para vigilar. Pero si ubica un policía allí, instalará la señal a veces.

4. La autoridad instalará la señal siempre que exista un policía. Si no hay un policía, a veces instalará la señal.

Al comparar los cuatro escenarios, se obtienen varios resultados interesantes. Por ejemplo: tanto el escenario 1 como el 4 no le conviene a la autoridad, ya que en el primero la señal pierde su utilidad (de tanto ver la señal en todos lados los criminales rápidamente terminarían por ignorarla) y en el último los ladrones terminarían por descubrir que jamás habrá alguien vigilando donde no haya una señal. 

Nos quedan dos. El segundo escenario representa el mejor caso posible: no hay necesidad de una señal porque la presencia aleatoria de la policía es suficiente para evitar el crimen. Sin embargo, por sus condiciones y restricciones, este escenario solo funcionaría en una sociedad muy desarrollada cívicamente, donde una señal de vigilancia llegue a significar una ofensa hacia el buen ciudadano y sea mejor evitarla. Un ejemplo de este caso es la sugerencia de la FIFA de evitar el uso de rejas y mallas en los estadios porque estos pueden incitar a la violencia, que .

Finalmente tenemos el escenario número 3, que sería muy efectivo en una sociedad con problemas de criminalidad pues los ladrones desistirían automáticamente ante la presencia de una señal y se confundirían al no ver una: no sabrían si por ahí ronda un policía o no. Esta incertidumbre es lo que haría de la señal una estrategia poderosa. Tal vez lo más interesante es que el escenario 3, en su punto óptimo, tiende a convertirse en el número 2. Esto significaría que en un primer momento, es necesario que la autoridad invierta más de lo necesario en instalar señales y disuadir criminales. Luego, a medida que el país se desarrolle y la delincuencia se reduzca por medio de avances sociales y cívicos, la señal sería cada vez menos recomendable hasta que llegue el punto en que sea mejor no usarla. En otras palabras, la señal ayudaría a moldear las creencias de los criminales potenciales hasta el punto de disuadirlos de cometer crímenes sin necesidad de ellas.

Es crucial llevar este tipo de experimentos a la realidad y estudiarlos a fondo. Es un hecho que la fuerza y la inversión en seguridad son necesarias, pero no bastan. Estas modalidades experimentales de vigilancia podrían darnos pistas sobre cómo usar más eficientemente los recursos que ya tenemos a la mano y tomar por fin la ventaja ante el crimen.

Comentarios (2)

DIDUNDI

28 de Abril

1 Seguidores

Las referencias extranjeras ojalá no se conviertan en justificación como consuelo d tontos.
Y el sarcasmo es muy real, el conductismo nacional d...+ ver más

Las referencias extranjeras ojalá no se conviertan en justificación como consuelo d tontos.
Y el sarcasmo es muy real, el conductismo nacional dice q hay q seguir el ejemplo d quienes dirigen el país, con la diferencia, q esa inseguridad típica callejera obedece a situaciones muy diferentes a las q manejan los ‘hombres bien NACIONALES q lo desangran x todo lado. 

DIDUNDI

28 de Abril

1 Seguidores

Asi las cosas, al estado le quedan dos cosas fundamentalmente:
-Crear condiciones dignas para la sociedad, d tal forma q el robo callejero&nb...+ ver más

Asi las cosas, al estado le quedan dos cosas fundamentalmente:
-Crear condiciones dignas para la sociedad, d tal forma q el robo callejero sea un argumento + allá d la supervivencia.
-Exigir a los 'hombres y mujeres bien', los q manejan el país,q asuman hábitos menos insanos q sirvan d ejemplo, para q el conductismo social sea menos violento.

Las historias más vistas en La Silla Vacia