Por Toni Celia · 21 de Marzo de 2017

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Queridos lectores de ayer y hoy, respetadísimos pensadores de su propio mundo y gente chévere, frente suyo tienen una entrevista que no fue como cualquier otra: esto fue un tilín-tilín en dónde todo el mundo metió la cuchara para hablar y donde las palabras de uno le pisaban los talones a las de otro. Todo lo que leerán a continuación asume el firme propósito de informar, entretener y no de dividir. Este es un documento altamente discutible sobre la procedencia y el porqué de Rafael Pertuz y su contexto natural. Rafael Pertuz, el man que ha levantado polvo y sacado chispas en el mundo picotero. Rafael Pertuz, el que innova a partir de la carencia, el predecesor de la experimentación bacana; Rafael Pertuz...El Ratapiano. 

Si describimos la dinámica geográfica, la parafernalia estética o si detallamos en minucia todo lo que adorna el Restaurante/Estadero Punto Rojo en la Calle 8 con Carrera 38 en el sur de Barranquilla, donde se llevó a cabo una reunión gremial de lo que será un grupo organizado de picoteros locales convocada por Ralphy Polo, extravagante y famoso locutor de radio e impulsor de toda la movida verbenera en la ciudad, quedarían todos en el aire, ¿por qué? Porque estás páginas no permiten el “raspe y huela”, las fotos no son videos y las palabras están escritas y no habladas. Además porque la mayoría no conocerá a fondo qué es un picó, por qué existen y mucho menos en dónde cabe nuestro personaje dentro de toda esta movida.

Al principio

El fenómeno del picó como lo conocemos en la costa Caribe es algo relativamente nuevo (no tiene más de cuatro décadas, aunque se argumente que los picós como cajas sonoras empezaron en 1939 por el periodista Marcos T. Barros, quienes muchos consideran el primer verbenero) y por ende no tiene una historia única y fidedigna aunque ya cuente con investigadores que se han adentrado en la antropología del asunto como Dairo Barriosnuevos o Fabian Altahona Romero. La gran parte de esta historia está inundada de conjeturas y anécdotas. Por ejemplo, unos dicen que el primer picó fue El Solista, otros que fue El Coreano. De hecho, y esto que quede bien claro, el mundo picotero actual es un mundo ajeno incluso para el Barranquillero promedio.

Los picós modernos, los llamados turbos, éstos con los cuales están tan infatuados en la capital y el resto del país, son semilleros en donde el público oscila entre los 13 y 21 años; pelaos y pelás que van allá a jopear sin control  (usar sus nalgas, o jopos, para bailar de manera, digamos, íntima) y en dónde la ropa se ha vuelto un formalismo. El mismo Ratapiano se siente moderadamente ajeno a esta escena contemporánea.

Pero no perdamos el rumbo porque el picó y su contexto natural, la verbena, es algo que ha informado en gran parte al Carnaval de Barranquilla y por consiguiente a la ciudadanía en general.

El Solista, El Sibanicú (“¡el que prefieres tú!”), El Samaritano, El Gran Pijuan, El Fidel, El Concord ,El Coreano Mayor, El Isleño, El Timbalero, El Negro Rumbón, El Sibalú, El Gran Somby, entre tantos, TANTOS, otros. Todos estos son nombres de los picós con más trayectoria en la ciudad: torres aurales construidas a partir de una necesidad casi egoísta de tener el sonido más potente y más rome pecho de la cuadra. Estos picós están conformados por familias verbeneras que se encargan de armar, pieza por pieza, voltio por voltio, unos colosos que, tanto como los soundsystems jamaiquinos, han hecho de Barranquilla una ciudad aún más rumbera; algunos ya no son, otros fueron, se adormecieron y ahora con la nueva movida, han retomado su vigor de tiempos idos.

El Picó como figura total y anti-monolítica

El verdadero picotero, ese que vive del sonido y piensa en perrenque y perreo, está tan metido en el cuento de armar un buen picó-su imaginario se lo exige de tal manera- que es capaz de llegar a unos extremos francamente estrafalarios.

Dairo Barriosnuevos, artista e investigador, apunta, “pueden estar en una casa que se está cayendo, sin ducha, pero dentro tienen un picó de 200 millones de pesos. ¡Hay unas contradicciones bárbaras!” Pero bueno, también de contradicciones vive el hombre, así que, asumiendo que eso se seguirá dando, más o menos así se arma el inmenso gran juguete:

Primero se decide cual es el presupuesto y que voltaje se le puede poner al picó (William “El Capo”, maravilloso ingeniero de sonido de picós como El Rey de Rocha en Cartagena y de El Skorpion en Barranquilla y quien acompaña al Ratapiano durante la tenida, dice que los picós ahora pueden alcanzar hasta los apabullantes 45,000 vatios), después se arma de arriba hacia abajo: altos, medios, bajos.

“Conocemos picós que han llegado a los sesenta y tanto parlantes”, cuenta Dairo Barriosnuevos; después le metes un buen display: los tornamesas, los juguetes del perreo y el “muerto” que es lo que sostiene todo. Por último le piden a algún artista para que pinte las cajas, esos adornos estéticos que forran los picós, que le dan su individualidad, su personalidad y que llevará su nombre marcado por lo alto. En los picós modernos, en los disco-show, ya se le incluye un técnico quien maneja toda la descarga de luces.

Dentro de esta pirámide de vainas, hay varios agentes importantísimos: los ingenieros de sonidos, gente como William, que se encargan de que el picó suene bien (muy bien) y que aprendieron empíricamente a como enmarañar cables y más cables y más cables para darle energía a estos monstruos; los MCs, quienes hablan la música; los promotores, quienes divulgan la jugada y los toques; los seguidores, quienes bailan la música; y los diyeis, quienes, escogen la música y le dan toda la fuerza sonora al picó, y aquí es donde entra nuestro querido Ratapiano como una fuerza inamovible…*

*La segunda parte llegará, para distraer su fin de semana, este sábado 25 de marzo. Mientras tanto, sigan abajo:


 

Compañía sonora y visual recomendada:

Sonora-

Yambadi Mama-Konono No. 1 meets Batida

RataPiano-El Agua

El Vacilón del Faraón-Faraón Bantú

Mindkilla-Gang Gang Dance

Djin Ku Djin-Vadou Game

 

Visual-

 

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