Por César Caballero · 14 de Febrero de 2017

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Mi primer contacto con él fue en 1.987. Lo tengo presente por mi costumbre de anotar el año en los libros que voy leyendo. El primer texto fue “Los Bolcheviques del Líbano”, compilado en el libro editado en 1.985 (3.000 ejemplares!!!) por el Áncora Editores.

En estos textos, dice Gonzalo, está “la preocupación constante por recuperar la memoria popular, que aparece ante nosotros no como un simple dato, sino como un objeto en proceso de construcción y reconstrucción, como un proyecto de investigación histórica y de acción colectiva”. Luego disfruté su texto “Bandoleros Gamonales y Campesinos”. Posteriormente leí el informe “Colombia: Violencia y Democracia” de la Comisión de estudios sobre la violencia, publicado en 1.987.

Casi dos décadas pasaron para que finalmente pudiera conversar con él. Nos presentó Eduardo Pizarro y Gonzalo oficiaba como coordinador del Grupo Memoria Histórica. A partir de allí he mantenido una relación permanente con uno de nuestros mejores historiadores y un extraordinario ser humano. Conté con todo su apoyo en el desarrollo de la investigación “Una verdad secuestrada” y lo vi coordinar el informe Basta YA.

Por ello puedo dar testimonio, de primera mano, de su honestidad intelectual, su compromiso con una versión comprensiva de nuestra realidad como sociedad y la importancia de la voz de las víctimas. Lo he visto conducir un grupo diverso de académicos e investigadores y le reconozco una gran capacidad de mediación para lograr los siempre difíciles consensos entre intelectuales.

A finales del año pasado, le fue entregado el Premio Nacional de Paz. Un merecido reconocimiento a un profesional que ha dedicado su vida a entender las razones y dinámicas de la violencia en Colombia y a darle voz a la memoria de las personas.

Durante 30 años he podido leer sus trabajos, tener la fortuna de desarrollar propósitos comunes, atender sus conferencias y disfrutar de su inteligencia en rutinarias y muy variadas conversaciones. Gonzalo Sánchez, simboliza hoy lo mejor de los intelectuales colombianos que se comprometieron a estudiar y entender los orígenes de la guerra como su aporte para construir la paz.

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