Por Cristina Vélez Vieira · 10 de Abril de 2017

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Ayer salió en la Revista Semana un confidencial titulado “Time out”, allí confirman lo que todos ya nos imaginábamos: que Germán Vargas Lleras va a “guardarse” unos meses para no salir al show presidencial antes de tiempo. 

Entra a los camerinos tal como dejó la vicepresidencia:  bota machita, casco y posando al lado de la retroexcavadora como Bob el constructor. ¿Saldrá en este mismo personaje para el 2018 o estará planeando un nuevo cambio radical? 

Su capacidad de reinventarse en busca de los votos es asombrosa. Después del descalabro en las presidenciales de 2010, su imagen cambió de barón del Gun Club, senador aplicado, delfín llerista-galanista y experto en seguridad a la de un nuevo Midas de la infraestructura nacional. El retrato que pinté de Vargas Lleras hace siete años en un perfil que escribí para La Silla Vacía y que fue reeditado para el libro Superpoderosos 2014, se transformó. 

No sólo cambió el traje negro y la corbata roja por el pantalón de dril y la camisa institucional remangada.  A punta de obras, cintas rojas y discursos de plaza en casi todos los municipios del país, combatió esa caricatura que existía de él como ese titiritero que movía los hilos de la alta política nacional desde un penthouse en Bogotá con vaso de whisky y cigarrillo en mano. Y se convirtió en un ingeniero todo terreno; incluso dejó de fumar. 

 Se obsesionó con las 4G, las casas, los acueductos, los puentes y los aeropuertos. Así lo muestran sus 7220 tweets como Vicepresidente, un cargo que quien llega lo moldea y que Vargas lo centró en el concreto. La aplicación Wordcloud arma automáticamente una representación gráfica resaltando los términos más repetidos por Vargas en Twitter como Vice y esto es lo que muestra: palabras como vial, puente, Ola 4G, carreteras y corredores encabezan la lista.


Para tener un referente de comparación, aunque sea aproximado, traté de armar otra nube de palabras con la vida pasada de Vargas Lleras. Con esta misma herramienta procesé los títulos de los 106 proyectos de su autoría como senador  (fuente Congreso Visible). El cambio de temas es evidente: constitución, cabildeo, justicia, seguridad, código, fueron las palabras que dominaron su trabajo en sus 12 años en el Congreso. 


La pregunta de fondo es si está reinvención va a ser suficiente para darle la presidencia en el 2018. El problema es que su nuevo traje de superhéroe constructor no le ha salido del todo blindado. 

Por un lado, no ha logrado esconder sus mayores debilidades. Tras el incidente del coscorrón donde maltrató a su escolta en público, su imagen desfavorable llegó a ser más alta que la favorable por primera vez en su historia política. 

Y, por el otro, al ponerse el casco escondió algunas de sus fortalezas. No volvió a hablar  de un tema clave para el 2018: la seguridad ciudadana en el  posconflicto. Allí Vargas tenía autoridad extra por su trayectoria legislativa, su talante castrense y su condición de víctima de múltiples atentados, pero otras figuras como el General Naranjo y Juan Carlos Pinzón se han convertido en los nuevos abanderados del tema. Del lado de la derecha derecha, en el Centro Democrático lo que hay es figuras que hablen de este tema. 

Después hablar de obras durante años para hacerle el quite al tema de la paz, puede que no logre salvarse del costo político que trae la empantanada ejecución de los acuerdos. Puede que igual la opinión pública se lo cobre. Y los que apoyan la paz, en caso de que pongan buenos votos, no se los darán a él; sino a Humberto de la Calle si se lanza. 

Lo que sí supo cuidar muy bien Vargas Lleras fue su alianza con Char y sus apoyos en la Costa. También tiene una cartera sólida para cobrar electoralmente. Más allá de su estructura de partido, tiene casas, acueductos, empleos y carreteras entregadas que pueden traducirse en votos; millones de beneficiarios agradecidos con él. 

Como ven, Vargas está en un momento de reconstrucción. Ser o no ser esa esa es la cuestión. 


Nota: Siempre me sorprendió la capacidad de los políticos para transfigurarse; para cambiar de personalidad, pinta y discurso siguiendo los votos. Escribiendo este blog (que refleja sólo opiniones personales) se me vinieron a la cabeza otras transformaciones políticas de película. Por ejemplo, el gran camaleón de Bolívar, el ex senador Javier Cáceres quien en el Congreso pasó de ser un antipolítico que le daba “Chuzo a los corruptos”, a fundar el Polo Democrático. De ahí saltó a Cambio Radical para, finalmente, ser condenado por parapolítica. Y una más cercana a una conversión religiosa: como la vez que Rafael Pardo fue a la iglesia de Regina 11 buscando apoyos y salió bautizado con “antenas cósmicas para atraer energía positiva”

Comentarios (1)

GMolano

11 de Abril

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El problema de Vargas para el 2018 no es el casco, la corbata o su peculiar caracter. Es la grasa de la maquinaria que lo sostiene. Ese es el dilema: presentarse como un politico intachable rodeado de lo mas corrupto de la clase politica. Una reingenieria de imagen lo va a hacer digerible pero la grasa no se va a poder ocultar nunca.

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