Por Blogoeconomia · 31 de Enero de 2018

968

1

Por Andrés Álvarez

En 1720, en medio de la resaca financiera dejada por la explosión de la llamada burbuja del Misisipí, se publicó en Amsterdam un conjunto de documentos pedagógicos destinados a un público ilustrado y con capitales para invertir. Este documento conocido como “El gran espejo de la locura” era una mezcla de sátira y análisis de la sicología financiera que había llevado, por caminos similares, al inflamiento y explosión de las primeras burbujas financieras globales de la era moderna. En particular, las innovaciones financieras-monetarias de las grandes compañías comerciales del Mar del Sur y del Misisipí. Esta última ideada por John Law para sortear los problemas fiscales de la monarquía francesa. Una forma de creación monetaria soportada en promesas de éxito comercial futuro. Un medio de cambio soportado en su promesa como activo rentable.

 

El objetivo pedagógico del Espejo no cumplió su cometido, la anatomía del proceso de crecimiento y desplome de los precios de los activos financieros se siguió repitiendo en el tiempo. Aunque las crisis financieras del siglo XVIII se dieron en sistemas financieros carentes de innovaciones financieras como los futuros o las derivadas, y algunos puedan pensar que por lo tanto su características son diferentes, las investigaciones acerca de qué tan similares son con respecto a burbujas contemporáneas ha mostrado que todavía nos podemos reflejar en ese espejo del pasado. Que las crisis financieras contemporáneas son un espejo paralelo al espejo del pasado que crea ese famoso efecto de infinito.

 

En una publicación reciente que recopila y traduce todas las placas y textos que conforman el “Gran Espejo” (ver: ), se incluye el análisis de H-J Voth sobre las características de las burbujas del siglo XVIII comparadas con las del siglo XXI. Su conclusión principal es que el inflamiento de las burbujas no se produce por ignorancia colectiva o falta de desarrollo de la sofisticación financiera. Es decir, no es falta de información ni de comprensión del fenómeno, como la buena intención de quienes publicaron en Amsterdam la pedagógica obra mencionada. Es más, la presencia de actores financieros sofisticados y con un conocimiento profundo del sistema es una condición para el inflamiento y explosión de las burbujas de este tipo: de las burbujas basadas en promesas económicas sobre las cuáles no existe un record en el pasado, es decir innovaciones empresariales o financieras. 

Voth muestra con claridad que el fenómeno de inflamiento de la burbuja del Misisipí se puede entender desde la perspectiva de la teoría financiera conocida como de “transferencia de riesgo” (risk shifting). En contextos financieros donde no existen actores financieros individuales capaces de hacer un ataque especulativo suficientemente importante cuando ellos están conscientes que la burbuja estallará, cada actor financiero, y en particular los mejor informados y conscientes de que el sistema explotará en un futuro, tienen incentivo en adquirir ese activo mientras su precio siga subiendo, manteniendo alto su precio y pudiendo liquidar adquisiciones pasadas del mismo activo mientras mantienen su precio alto. 

En términos más técnicos, estas burbujas se autosostienen y crecen facilmente en contextos en los cuales existen actores financieros sofisticados que no pueden estar “cortos” en el mercado debido a que no existen mecanismos de futuros u otras formas de cubrimiento del riesgo suficientemente desarrollados y porque las características del activo financiero hacen imposible tener esas posiciones cortas y todo poseedor del activo tiene por definición una posición larga. Es decir, es poseedor efectivo del activo financiero. Esto era lo que sucedía en el desarrollo de la burbuja de 1719-20 en el sistema de la Compañía del Misisipí. Los agentes invertían en acciones que no pagan inmediatamente sino por plazos pero teniendo el derecho de propiedad completo sobre la parte correspondiente de la compañía a la que daba derecho la acción adquirida. En este sentido, los compradores iniciales no tenían interés en salirse del sistema mientras no se lograra atraer un número suficientemente grande de otros compradores que adquirieran nuevas acciones y que continuaran entonces valorizando la compañía. El mercado secundario de estas acciones, es decir el mercado de “segunda mano” de las acciones era muy pequeño en sus inicios. La mayor parte de los compradores mantenían sus acciones. En este sentido, actores que eran percibidos por el público como bien informados y creíbles mantenían sus acciones por un período importante generando una confianza en actores menos informados que eran atraídos no solo por las promesas de ganancias inmensas sino además por la confianza que producía la permanencia de los actores informados en el sistema. 

La explosión de las burbujas era incluso inmune en sus inicios a llamados de atención de importantes personajes de la época, como lo muestra el “Gran Espejo” y en particular, llamados de atención acerca de la imposibilidad de que existieran fundamentos reales para justificar el valor alcanzado por las acciones de la Compañía. Es decir, los ataques especulativos tempranos de quienes razonablemente querían apostarle a una caída del sistema eran repelidos por la permanencia paciente de los actores que, conociendo perfectamente la misma realidad, sabían que la ganancia estaba asociada a la paciencia y al buen momento del retiro.

Los precios que ha alcanzado Bitcoin desde su lanzamiento y en particular la velocidad con la cual ha crecido su valor durante 2017 muestran elementos semejantes de este fenómeno. Primero, porque es evidente que el valor de la moneda virtual no puede estar soportado en su promesa como medio de cambio. Segundo, porque el comportamiento usual de los grandes actores del sistema, quienes hacen creaciones masivas del mismo es similar a los actores bien informados y pacientes del sistema de Law. En un reciente, y muy serio, trabajo sobre el comportamiento de BItcoin de Ron & Shamir (ver ) se demuestra que más de la mitad de las unidades de moneda creadas en el sistema Bitcoin permanecen “durmiendo”en cuentas de sus creadores o de quienes las adquirieron de forma temprana. Esto significa una bajísima velocidad de circulación de este activo financiero. Lo que soporta la idea de que el comportamiento de los actores frente a ella es más de pacientes especuladores que de personas que creen en la promesa de ser la nueva forma de pagos que superará las monedas fiduciarias controladas por los “pérfidos banqueros centrales”. 

La imagen que se proyecta en el infinito juego de espejos desde el siglo XXI y que se refleja en las placas del siglo XVII es la de una burbuja sobre la cual hay perfecta conciencia, especialmente de los actores financieros más informados, pero que no puede ser estallada más que por el pánico colectivo que vendrá más pronto que tarde.

Comentarios (1)

JCMM

02 de Febrero

0 Seguidores

Excelente entrada. Muy interesante.

Excelente entrada. Muy interesante.

Las historias más vistas en La Silla Vacia